¿Aquellos con autoridad, debido a ciertas investiduras, son conscientes de la responsabilidad que les atañe? Lo pregunto por el escándalo de la Infanta Cristina de Borbón, Su Alteza de la corona española, politóloga de la Universidad Complutense y con un máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Nueva York. Y lo extiendo a cualquier instancia.
Porque es desconcertante cuando el mal comportamiento social proviene de aquellos a los que la vida les ha dado más. Es que mientras más arriba y más visible, mejor ejemplo hay que dar. Y esto se espera de los papás, de los gobernantes, de los policías y soldados, de los gerentes, de los profesores, de los jefes, de los jueces, de los médicos, de los profesionales.
El buen o el mal ejemplo, arrastra. "Y, si él (o ella) lo puede hacer, ¿por qué yo no?". Y el problema no es solo el desconcierto que suscita en la gente cuando ese tipo de personas se comporta contrario a las normas y leyes; el verdadero meollo está en el efecto multiplicador que genera dicha conducta. De hecho, los españoles de hoy consideran que la corrupción es el peor problema que tiene su país.
Si se corrompe "el de arriba", de ahí para abajo son muchos los que consideran que pueden hacer lo mismo. Al caso español hay que sumarle que quien ha tomado dineros públicos tiene una privilegiada situación económica y formación académica.
Por eso: a quien más tiene, más se le exige.
También se aplica a los profesionales. Quienes han tenido el privilegio de pasar por las aulas universitarias, deben ser los primeros en dar buen ejemplo de comportamiento, de solidaridad humana, de compromiso social. Pero esto escasea y parece ser una tragedia cada día más profunda en los países donde el deplorable estado mental los ubica en el tercer mundo.
Por esta razón a los universitarios de hoy hay que insistirles, en todas las clases durante los 4 o 5 años de formación, que no solo lo más importante es que sean buenos profesionales en el sentido técnico de la expresión; sino que lo que hagan, lo hagan con un altísimo sentido de responsabilidad ante la sociedad (lo que significa pensar en las consecuencias de sus actuaciones), que espera más de ellos por el simple hecho de haber tenido la oportunidad de acceder a la educación superior.
Algunos se autoexcusan pensando que si un profesional se corrompe (y eso que tuvo educación privilegiada) de ahí "para abajo", hay licencia para cualquier cosa.
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