El 9 de febrero de 2008, nació en Salto, Uruguay, Alexander Agustín dos Santos Álvez, hijo de Jonathan David dos Santos Duré, quien en ese entonces no había debutado en el fútbol profesional y, con 16 años de edad, buscó la forma de salir adelante para darle una buena vida a su hijo. Esta es la historia del padre e hijo que conmueve al fútbol uruguayo y que el pasado domingo 2 de agosto protagonizó el Gran Parque Central de Nacional, una de las imágenes históricas del balompié charrúa.
Con 34 años de edad, su habitual pelo largo y siendo uno de los referentes del Club Atlético Progreso de Montevideo, Jonathan dos Santos llegó al estadio Gran Parque Central, donde el Club Nacional de Football hace las veces de local. El campeonato uruguayo llegó a su séptima fecha y allí, en el campo donde se jugó la Copa Mundial de 1930, dos Santos vivió uno de los momentos más importantes de su vida.
Al frente, en el conjunto rival que tenía a los más de 20.000 aficionados a su favor, y con la camiseta número 10 del “Tricolor”, Agustín dos Santos se enfrentaría a su padre en el mismo terreno de juego, un caso inédito para la liga uruguaya y donde las emociones se sintieron a flor de piel. Jonathan, intentando mantener el enfoque para romper la red del arco de Nacional, no podía no mirar a su hijo en el equipo contrario, siendo el volante creativo de uno de los dos clubes más grandes de Uruguay y, quizá, uno de los 10 clubes más importantes de Sudamérica.
De forma anecdótica quedará en la historia el resultado del partido, el cual ganó Nacional dos goles a uno, con doblete de Maximiliano Gómez. La imagen del partido se dio al finalizar el compromiso, cuando Jonathan dos Santos y su hijo Agustín se fundieron en un abrazo donde se detuvo el mundo. Los dos Santos, entre alegría y llanto, no se soltaron.
Un padre que cumplió el sueño de jugar con su hijo de forma profesional y un hijo que inicia una carrera deportiva como uno de los futbolistas más prometedores del país, dos veces campeón del mundo. Esta historia seguro no acaba aquí, pues a los 34 años de edad, Jonathan aún tiene mucho fútbol por dar y ni hablar de Agustín.
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