Muchas críticas generó la contratación del uruguayo Maximiliano Cantera como refuerzo de Nacional. La mayoría de aficionados manifestó que no estaba bien que un jugador desconocido y que no había triunfado en equipos grandes llegara a un club como Nacional.
Sin embargo, los directivos verdes están convencidos de que el futbolista rendirá en el equipo y así lo manifestó el presidente Mauricio Navarro en entrevista con este diario.
“Hemos analizado el recorrido de Cantera y es lo que esperábamos. Tiene presencia en al arco rival, gol y pase gol. Su estructura física nos permite juego aéreo ofensivo y defensivo”, manifestó.
Sin embargo, primero había que verlo jugar, y el técnico William Amaral le dio algunos minutos en el duelo de ida por los octavos de final de la Copa Betplay ante el América, que ganó Nacional 3-1.
El futbolista uruguayo, con el número 10 en la espalda, entró con personalidad y aunque aún le falta ritmo, sí dejó muestras de su capacidad y técnica, sobre todo, en una jugada que dejó en ridículo a dos futbolistas del cuadro escarlata.
Cantera entró para jugar los últimos 36 minutos del segundo tiempo y se convirtió así en el jugador uruguayo número 25 en jugar un partido oficial con Atlético Nacional.
Este futbolista nació en Los Cerrillos, una ciudad pequeña ubicada dentro del área metropolitana de Montevideo. Se formó en una familia obrera de 9 hermanos y desde pequeño vio en el fútbol la forma de salir adelante y también de luchar por su familia.
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Empezó como centrodelantero y le fue tan bien que rápidamente fue reclutado por uno de los clubes más grandes de Uruguay, el Peñarol.
Jugaba en la cuarta categoría de ese club cuando unos veedores italianos decidieron recomendarlo para el Bolonia.
Así que muy joven empacó maletas y se fue aprobar suerte, pero esa misma juventud le jugó en contra. Llegó a una ciudad que, en comparación a la suya, era una megalópolis. Lo alojaron en un hotel por un mes y un chofer pasaba a buscarlo para llevarlo a los entrenamientos. No aguantó la soledad y la ausencia de su familia y se volvió a Uruguay para arrancar de nuevo.
Llegó a probarse como 9 al equipo de Cerro Largo y ahí conoció al técnico Danielo Núñez, quien en diálogo con este diario recordó que lo empezó a poner como volante por un costado. “Tenía unas muy buenas condiciones técnicas, pero era de altibajos. Me tocó muchas veces tenerlo en el banco de suplentes, pero nunca hizo mala cara ni se quejó por esa situación”.
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Alejandro, su hermano mayor, fue fundamental en su formación. Lo acompañaba a los partidos y nunca paraba de alentarlo. Y es que Cantera fue el único de los 6 hermanos varones que llegó al fútbol profesional.
Su padre falleció, pero su madre sigue viviendo en Los Cerrillos y es la que siempre alumbra a los santos durante su peregrinaje por el fútbol. Cantera ha jugado en el Liverpool de su país, en Fénix. También el Táchira de Venezuela, Nacional de Uruguay y Deportivo Maldonado. Pero todo cambió cuando llegó a su vida su hijo Román, que tiene 8 años.
Los que lo conocen dicen que desde ese momento empezó a jugar con mayor continuidad. Y en entrevista con el periódico El Observador dijo: “A mí lo que más me cambió fue el nacimiento de mi hijo. Fue un clic, vi que alguien dependía de mí”.
Esa convicción lo llevó a lograr uno de sus sueños, el de tener su propia casa. Le costó levantar ese techo y, a sus 30 años, está ávido por seguir logrando cosas en el fútbol, esta vez con la camiseta de Atlético Nacional.
“Feliz y contento de estar en el equipo más grande de Colombia, un campeón de América y espero estar a la altura”.
Se define como un jugador que le gusta tener la pelota: “Trato de habilitar a mis compañeros, llego al gol y ojalá todo eso lo pueda reflejar en la cancha”.