Día para recordar a Bob Marley, la cara mundial del reggae
Se cumplen 40 años del fallecimiento del artista que repartió reggae en la esfera internacional. Así fue que abrió camino.
Bob Marley nació el 6 de febrero de 1945 en Jamaica y falleció el 11 de mayo de 1981 tras la expansión de un cáncer que empezó en su piel. FOTO
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Con melodías sencillas, que hasta los más pequeños pudieran aprender y repetir sin mayor esfuerzo, el reggae (al menos el que proponía Bob Marley) se fue abriendo paso fuera de Jamaica desde la segunda mitad del siglo XX.
Claro, “Bob Marley no se inventó el género y tampoco era el único que lo hacía, ya se producía mucho en Jamaica”, dice Mauricio Osorio, integrante de la agrupación de Medellín, De Bruces a Mí, pero fue Marley quien se convirtió en su rostro. Uno que, todavía hoy, se asocia a esa isla, sus colores y su mensaje.
Primero llegaron el mento y el calipso, después sí el reggae, que fue una manera de reflejar la realidad compleja que muchos vivían en la isla: las preocupaciones, las necesidades y las esperanzas. Una de las cosas que buscaba Marley es que la música isleña “llegara a la mayor cantidad de rincones posibles y que se conociera la filosofía del reggae y el rastafari”.
Fue allí que nació The Wailers, el trío con el que Marley se dio a conocer en Inglaterra, país que funcionó como escenario de su primera catapulta internacional. “La música era tan fuerte, eran tan cool y tan buenos que otros músicos los aplaudían”, cuenta la artista, escritora e investigadora musical Vivien Goldman, en conversación con EL COLOMBIANO. Goldman fue su primera publicista en Reino Unido. “Ellos trajeron algo completamente nuevo a la escena: autenticidad, pasión y sonidos increíbles”.
La expansión fue inmensa, tanto que la revista Time catalogó a Exodus, álbum de 1977 de Bob Marley & The Wailers, como el mejor disco del siglo pasado. El camino hasta allá fue largo.
Encuentro
Después de la Segunda Guerra Mundial, había espacios de trabajo en los que Inglaterra invitó a la gente de las colonias a regresar. “Lo que ocurrió fue que cuando llegó la gente del Caribe llevaban la música con ellos, de manera muy literal en algunos casos” y así, de a pocos, la cultura del Caribe empezó a mezclarse con la inglesa.
Era el comienzo de un encuentro multicultural que no estuvo exento de racismo. Goldman, quien estaba inmersa en esa escena cultural de la época, cuenta que la vida fiestera londinense de ese momento relegaba ciertas expresiones negras y caribeñas. A esas comunidades no se les permitía abrir clubes, pero se las ingeniaban para organizar reuniones en torno al blues en casas o en propiedades abandonadas.
Fue en esa época cuando ella empezó a escribir sobre reggae en Londres. Había cerca de media docena de esos “clubes ilegales” para encontrarse con otras culturas y otra música que aún no recibía un lugar oficial entre el entorno cultural inglés. Ella estaba interesada en el punk, gran parte de su investigación y su vida ha girado en torno a ese género, pero poco a poco esa ciudad donde los jóvenes se inclinaban por el punk de The Clash y Sex Pistols, el West End (área urbana) de Londres le abría los oídos a otras músicas.
Un hombre clave
El género era una novedad, que The Wailers trajo primero de la mano de ritmos como el ska y el rocksteady. El grupo jamaiquino inicialmente contó con Peter Tosh y Bunny Wailer, así como con Bob Marley, quien se convirtió rápidamente en la cara más visible ante el resto del mundo.
Uno de los artífices de que eso sucediera fue el productor musical Chris Blackwell, un apasionado por la música que creció en Jamaica y quien fundó Island Records, que en los setentas ya representaba a artistas como Cat Stevens.
Blackwell trabajó con artistas reggae como Jimmy Cliff y había escuchado a The Wailers antes, pero no los conocía en persona. En una oportunidad, cuando el grupo estaba en Londres, se citaron para conversar.
The Wailers, que comenzaron su camino en los sesentas, creían que la puerta a una audiencia internacional especialmente en Estados Unidos, se podía abrir más fácilmente si entraban por el lado del R&B, ya que tenían nexos con Johnny Nash, pero Blackwell tenía otra idea para ellos. “Los veía como un grupo de rock negro”, explicó en un foro acerca de la industria musical que ofreció Loyola University, en Nueva Orleans, en 2011.
“Él quería presentar un grupo de reggae como uno de rock, porque el mercado del rock estaba completamente establecido”, añade Goldman. “No quería que fuera tildada como música novedosa étnica o divertida”.
Negociaron y les pagó 400.000 libras por adelantado, “más dinero que el que cualquier otro grupo de reggae había recibido por un disco”, añade Goldman, y el resultado fue Catch a Fire (1973), el primer disco de muchos que Blackwell respaldaría. Fue, además, el comienzo de una larga relación con ese grupo que cambió de miembros y que convirtió a su vocalista en su carta de presentación. Se convirtieron en Bob Marley & The Wailers.
36
años tenía Bob Marley cuando falleció de cáncer el 11 de mayo de 1981.
¿Por qué él?
Esa movida se dio, en parte, por esa necesidad de acercarse a lo que se manejaba en el rock. Antes era un trío armónico y “mucha gente decía que el empuje a Bob Marley era porque era de una herencia racial mixta”, cuenta Goldman, quien sostiene que es un debate que aún hoy dan algunas personas.
Pero, desde su perspectiva, lo que pasó fue que tanto Tosh como Bunny Wailer decidieron que no querían ese tipo de vida de giras y, además, ella destaca que “Peter era arrogante y un macho alfa, mientras que Bob era muy sensible y empático, lo que lo hacía más universal. Se relacionaba con más facilidad con la gente”.
La expansión en Norteamérica no fue tan sencilla, era un lugar en el que el soul tenía mucha fuerza en ese momento y la industria se volcó a apoyar esa manifestación artística por encima de otras, como el reggae isleño. Europa fue más receptiva, aunque se le ha dado crédito a empujones como el que Eric Clapton hubiera creado un cover de la canción I Shot The Sheriff (de autoría de Marley).
Era, también, un gran compositor, gran trabajador y comprometido con cada detalle. “Bob era el primero en el bus y el último en el estudio, daba de su tiempo todo el tiempo”, añade la escritora. Además, era un hombre congruente, que recibía y escuchaba a la gente que llegaba a verlo a su casa para pedirle ayuda. Entregaba dinero y escuchaba.
Aunque han pasado más de cuatro décadas desde que lo conoció y trabajó a su lado: “No he perdido la fe en Bob y su mensaje”, dice Goldman. “Mucha gente dice tanta cosa y hace otra, él no era así. Fue muy entusiasta al momento de expandir su trabajo humanitario”. Su arte tuvo además eco político: intentó moderar una tregua entre facciones políticas en la isla. Sus esfuerzos de diálogo también fueron mediados por música, organizó un concierto por la paz al que llamó One Love, como una de sus más reconocidas canciones, en 1978.
Su símbolo permanece, incluso 40 años después de su muerte y sigue vigente en un género (y sus ramificaciones) que llegó para quedarse en muchos más rincones de los que Marley imaginó.