Martín Caparrós no se siente cómodo hablando en público, él mismo lo reconoce antes de subirse a un escenario como pidiendo disculpas previas por cualquier falta que vaya a cometer. Sin embargo, lo hace. No siempre le pasa, en sus talleres de periodismo que dicta con la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano se muestra más cómodo, pero cuando se trata de otro tipo de eventos, como una conferencia, no está a gusto. ¿Por qué tendría que ser Caparrós conferencista si no es lo suyo? Porque El hambre lo llevó a ello.
El hambre es un libro de 600 páginas que tiene una advertencia en la contraportada: “Si usted se toma el trabajo de leer este libro, si usted se entusiasma y lo lee en —digamos— ocho horas, en ese...