La Biblioteca Pública Piloto es una de esas instituciones que permanece en el corazón de los antioqueños; hay que recordar que en algunas páginas de Los días azules y del Fuego secreto, Fernando Vallejo nombra su paso por los pasillos de la casa Barrientos, donde se abrieron por primera vez las puertas de la biblioteca, y adonde los paisas llegaban en manada, tanto que hacían una fila que le daba la vuelta a la cuadra. La Piloto, desde hace décadas está en el barrio Carlos E Restrepo y sigue siendo un referente para la vida citadina. Hablamos con Esteban Giraldo, su director, que cuando llegó hace dos años se encontró un recinto totalmente abandonado, con 240 goteras, humedades y parte del archivo protegido con plásticos.
El año pasado se cumplieron cuarenta años de la Sala Antioquia de la BPP...
“Así es. La Sala Antioquia es el lugar donde hubo un compromiso hace cuarenta años para, además de conservar los archivos institucionales, departamentales y distritales que están anclados a la historia, establecer un archivo intelectual y cultural e histórico de la ciudad a partir, digamos, del ejercicio que hizo la Biblioteca. En ese momento se comenzó a recibir además de todo lo institucional, archivos de grandes personalidades, de instituciones que pudieran dar cuenta en el futuro de qué estaba ocurriendo en la ciudad y, a partir de eso, pues se abrió toda la vía para que la biblioteca se abriera y tuviera un archivo histórico que hablara de Antioquia. En ese sentido, estamos hablando de un gran archivo donde hay planos, mapas, libros, documentos, un gran archivo periodístico sobre temas que desde hace cuarenta años la biblioteca sagradamente coge sobre medios y dice ‘esto tiene que ver con Antioquia’”.
Estuvieron también muy involucrados el año pasado en la celebración de los 350 años de Medellín...
“Esa fue otra de las cosas importantísimas del 2025. La Biblioteca quiso volcarse a la ciudad a propósito de los 350 años e hicimos cosas muy importantes con el ITM, con la Universidad Nacional, con la Universidad de Antioquia, con la Secretaría de Cultura, con el Archivo Histórico de la Ciudad. Comenzamos a articular algunas actividades. Producto de eso fue que montamos esa cátedra intensa de Medellín, que tiene la pretensión de ser la actualización de esa historia comprensiva que en algún momento hizo Jorge Orlando Melo. Nosotros lo que hicimos fue tratar de hacer una actualización cincuenta o sesenta años hacia acá, y esto será un libro. La historia intensa que tuvo y que tiene la cátedra como una referencia importante. También hicimos en el marco de la Fiesta del Libro, el Salón La Piloto por los 350 años de Medellín, donde pusimos todo el archivo al servicio de la celebración con exposiciones físicas y digitales. En este momento, por ejemplo, tenemos tres museos de la calle, a partir del archivo de la ciudad. Hicimos reflexiones variadas, a veces inclusive extrañas y que pudieran parecer heterodoxas, como hablemos de los bares de Medellín, hablemos de la basura en Medellín, hablemos del fútbol en Medellín, que tal vez no necesariamente sean como esos temas que historiográficamente son atendidos”.
Tengo entendido que en estos dos años de su administración se avocaron a ampliar el catálogo de la Piloto, que estaba olvidado...
“Uno de los dramas que encontramos en 2024 es que no había presupuestado ni un solo peso para comprar libros. Y no solo para ese año, sino que desde hacía dos años no había plata para comprar un solo libro. Ese es uno de los grandes síntomas de cómo estaba la biblioteca. Entonces el año pasado hicimos un esfuerzo gracias también a unas gestiones institucionales y también, evidentemente, a unos respaldos y unas articulaciones que hemos logrado de manera muy importante con la Secretaría de Cultura. Comprar cincuenta millones de pesos en libros que es un esfuerzo que sigue siendo insuficiente, pero ya era como una ‘pica en Flandes’ de decir venga, volvimos. Y comenzamos este año ampliando ese presupuesto a más de 115 millones de pesos. Es decir, duplicamos con respecto a lo otro, pero comenzaron a pasar otras cosas. Entonces, ya en términos de gestión, por ejemplo, nos dimos cuenta de que había una vía a través de la Ley de Bibliotecas donde se podían hacer donaciones que significaban, digamos, un retorno tributario para grandes empresas. Logramos ahí, en articulación con el sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín, lograr que Editorial Planeta donara diez mil libros, de los cuales mil son para la Piloto”.
Cuando llegó a la Piloto hubo polémica porque usted no tiene formación como bibliotecólogo, ¿cómo sorteó eso?
“Ahí había una preocupación legítima y como un gesto de responsabilidad y atención de la ciudadanía y particularmente del sector bibliotecario con la biblioteca. Yo era un muchacho que me había ido recién graduado del pregrado a Bogotá. Estudié Ciencia Política en la Universidad Nacional y Comunicación Social en la de Antioquia, y me fui a hacer un favor de trabajo a Bogotá y me fui quedando allá. Claro, también reconozco que cuando vuelvo dijeran que este es otro que traen de Bogotá. Y lo otro es que yo no tenía formación específica de bibliotecario en términos del pregrado. Entonces una de las primeras intenciones que tuve fue dialogar con ese sector bibliotecario y decirles que aquí estaba de puertas abiertas la Piloto. Ahora bien, yo terminé siendo editor en la Universidad Nacional, en Planeta... Es decir, mi trayectoria profesional habla de que yo lo que he hecho es hacer libros y buscar lectores, que es también lo que hace la biblioteca. Cuando me nombraron yo estaba terminando un doctorado en Documentación, archivos y bibliotecas; ya me gradué y quisiera un poco que me reconocieran también por formación, como parte de esa tribu”.
Para terminar: tengo entendido que en 2026 la Piloto estará en obras...
“Así es, vamos a tener casi tres mil metros cuadrados nuevos de infraestructura cultural en el tercer piso de la Biblioteca. Es decir, para resolver el problema de goteras, que era un problema técnico que tenía que ver con las condiciones específicas de una placa de concreto. Y aquí tengo que decir que todos los arquitectos que suben a esa placa quedan impresionados, porque es una vista tremenda de todo el corazón de la ciudad. Entonces la biblioteca iba a tener un techo ahí, pero cuando llegamos nosotros pensamos que era mejor ampliarnos, tener un piso nuevo. En ese cambio de planes hemos tenido una receptividad increíble del distrito y de todas las personas a las que le hemos comentado el proyecto y al día de hoy la biblioteca ya tiene un acuerdo con la EDU para adelantar todas los mantenimientos y ampliaciones de la infraestructura de la biblioteca y de sus filiales, que contempla justamente la adecuación para uso del público dependiendo de los servicios y las necesidades de la biblioteca. Esperamos que esto quede listo para 2027, que en ese momento la Biblioteca cumplirá 75 años”.