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“Venga a trabajar conmigo”: así, el ministro de Igualdad pidió perdón al sargento que ofendió en 2012

Ambos acordaron concretar un encuentro presencial en los próximos días, con el objetivo de sostener una conversación directa, sellar el gesto de reconciliación con un abrazo pendiente.

  • El Sargento Segundo Rodrigo García Amaya fue sacado a la fuerza por indígena durante un hostigamiento en el año 2012 en Toribio, Cauca. Foto: capturas de video.
    El Sargento Segundo Rodrigo García Amaya fue sacado a la fuerza por indígena durante un hostigamiento en el año 2012 en Toribio, Cauca. Foto: capturas de video.
hace 2 horas
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Lo que durante años fue una de las escenas más incómodas del conflicto entre la Fuerza Pública y comunidades indígenas terminó convertido en un gesto inesperado de reconciliación. El hoy ministro de la Igualdad, Alfredo Acosta, y el exsargento del Ejército Rodrígo García Maya, sostuvieron una conversación marcada por disculpas, reconocimiento mutuo y una propuesta que pocos habrían imaginado, trabajar juntos.

El ministro Acosta ofreció disculpas por su comportamiento de entonces y extendió una invitación directa al exuniformado para que haga parte de su esquema de seguridad. “Yo le invito a que nos veamos, a que vaya al ministerio. Allá miramos, ayudamos, conversamos y me gustaría que me cuidara, que me acompañara ahí en la seguridad”, afirmó en diálogo con Blu Radio.

En su intervención, Acosta aplaudió el actuar del entonces sargento en medio de la tensión. “Es un soldado de la patria que ha defendido el territorio y la vida. Él es un militar digno porque no nos disparó. Es un verdadero militar de nuestra patria”, dijo.

Pero lo que más llama la atención es la respuesta de García Maya. Un verdadero gesto de nobleza y de reconciliación. El exsargento aseguró que nunca guardó resentimiento por lo ocurrido y que con el paso del tiempo entendió que ambos estaban atrapados en una dinámica más amplia del conflicto armado.

“Nunca, nunca guardé rencor en mi corazón, porque yo sé que tanto él como yo fuimos víctimas de un estructurador que fue el que generó esa acción. Las personas por sí solas no cometemos delitos; siempre hay algo más arriba que origina todo”, expresó.

El exmilitar señaló que su reacción de aquel día fue, precisamente, una forma de contención. “Mi molestia habría quedado si en vez de llorar hubiera accionado mis armas contra alguno de ellos. Ahí sí habría resentimiento. Pero no. Yo actué correctamente”, afirmó.

García Maya también relató cómo su vida tomó un rumbo completamente distinto tras su retiro del Ejército, ocurrido hace cerca de cuatro años. “Tengo una asignación de retiro y hoy trabajo como muchos colombianos, en un contact center. Soy un operario”, contó.

Describió una cotidianidad alejada del uniforme y del reconocimiento público. “Yo me subo al metro todos los días, llevo coca de almuerzo, hago créditos, pago créditos, uso tarjetas para hacer mercado. Mi vida transcurre de forma normal, como la de cualquier parroquiano”, dijo.

El reencuentro entre ambos revivió un episodio ocurrido en 2012, cuando varios videos se hicieron virales mostrando a soldados del Ejército descendiendo de un cerro en Toribío, Cauca mientras eran rodeados por indígenas que los increpaban con insultos. En esas imágenes, Alfredo Acosta, entonces líder indígena, le gritó al sargento frases como “no le da vergüenza dispararle a gente inocente” y “no le da vergüenza ser soldado”.

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En medio de esa escena, García Maya rompió en llanto frente a las cámaras. Pese a la humillación y las agresiones verbales, no reaccionó con violencia, un gesto que con los años se convirtió en símbolo del impacto humano del conflicto.

Más de una década después, ese episodio se resignifica con un diálogo directo entre quienes estuvieron en orillas opuestas. La escena ya no es la del cerro en Toribío, sino la de un ministro que reconoce a un soldado y un exsargento que responde sin rencor, en un país que sigue buscando formas de cerrar heridas abiertas.

Ambos acordaron concretar un encuentro presencial en los próximos días, con el objetivo de sostener una conversación directa, sellar el gesto de reconciliación con un abrazo pendiente y dialogar sobre la posibilidad de que el exsargento se vincule al esquema de seguridad del Ministerio de la Igualdad.

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