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Un estudio señala que decir una obscenidad cuando nos golpeamos ayuda a aguantar el dolor.
A todos se nos ha escapado una. Sea fruto de un golpe en el dedo pequeño del pie o un machucón con una puerta, la grosería está en la punta de la lengua, lista para responder al accidente.
Algunos la dicen con fuerza, como a gritos, mientras que otros la cambian a mitad de camino y terminan diciendo algo como “juepucha”, “juemadre” o “marina”.
¿Por qué ante un golpe viene la obscenidad? La psicología, que ha estudiado el tema, tiene una posible respuesta.
En 2009 un grupo de investigadores de la Universidad de Keele, en Inglaterra, se dio a la tarea de analizar si maldecir afectaba la forma en la que diferentes individuos percibían o resistían el dolor. Aunque las malas palabras son una respuesta común al dolor, el tema no se había estudiado,...