Comenzar bien el año, con menos deudas y con más dinero en los bolsillos, es un propósito frecuente, especialmente después de un año difícil como el 2025. Por eso, si aún está pensando cómo mejorar su salud financiera, una alternativa segura es la refinanciación de créditos vigentes, en particular los hipotecarios o de vivienda.
Jaime Jaramillo, fundador de Finanzas Emocionales, del Club Invierte en Inmuebles y profesor de inversión inmobiliaria, señala que para muchas familias en Colombia el crédito de vivienda es el gasto fijo más pesado del mes. Sin embargo, paradójicamente, también es uno de los pocos que puede optimizarse para liberar flujo de caja sin sacrificar calidad de vida.
Y es que, aunque existe la creencia de que refinanciar un crédito es solo para quienes están en problemas financieros, lo cierto es que no es así. Refinanciar es una decisión estratégica, no una señal de fracaso.
Optimizar un crédito puede significar pagar menos intereses totales, y por ende costear más barata su propiedad, o simplemente, puede ser la forma de pagar mejor cada mes.
¿Cuándo y cómo refinanciar?
Ante la pregunta de cuándo refinanciar un crédito hipotecario, entidades como Bancolombia y BBVA sostienen que el momento ideal es cuando las tasas de interés del mercado están por debajo de la tasa vigente del crédito. No obstante, aclaran que depende también de la situación particular de cada cliente y del contexto económico. En general, puede ser oportuno refinanciar cuando cambian las condiciones del mercado, cuando el cliente mejora su perfil financiero y tiene mayor capacidad de pago, o también cuando busca ajustar su crédito para que este sea más acorde con su capacidad de pago y necesidades actuales.
Múltiples oportunidades
La compra de cartera hipotecaria es otra opción. La realizan bancos o entidades financieras interesadas en captar nuevos clientes y consiste en que una entidad paga la deuda que el cliente tiene con su banco original, ofreciéndole mejores condiciones financieras y una tasa de interés más baja.
Lo que hace más interesante esta alternativa es que no implica gastos de escrituración ni trámites notariales adicionales. Otra forma de ahorro es el endoso de seguros. Este consiste en reemplazar las pólizas obligatorios (vida, incendio y terremoto), cuyos costos están incluidos en la cuota mensual del préstamo, por otros seguros adquiridas con una reaseguradora externa, que pueden resultar más económicas y así alivianar el pago mes a mes. En cualquier caso, el banco sigue siendo el beneficiario de la póliza.
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Las posibilidades son múltiples; lo importante es qué se hace con el flujo de caja liberado. Si solo se traduce en más gasto, la decisión pierde sentido. Pero si se usa para crear un fondo de emergencia, salir de deudas costosas o recuperar tranquilidad mental, el impacto es real y duradero.
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