La tigrilla lanuda hallada recientemente en uno de los cerros tutelares de Medellín falleció pese a los esfuerzos médicos realizados por el equipo del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
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“Fueron más de 70 horas en UCI con un equipo multidisciplinario que luchó hasta el último minuto. El deterioro evidenciaba posible cautiverio prolongado: le arrebataron su libertad y su vida”, expresó el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, a través de sus redes sociales.
El felino, una hembra, había sido encontrado en estado crítico en el Cerro de las Tres Cruces, con señales de maltrato, desnutrición severa y, presuntamente, sin dientes, lo que apuntaría a un posible caso de cautiverio ilegal y tráfico de fauna silvestre.
Tras el rescate, el animal fue trasladado al Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación de fauna silvestre del Área Metropolitana, donde recibió atención especializada. Sin embargo, la gravedad de su estado de salud hizo que tristemente el animal muriera.
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El alcalde reiteró que en la ciudad no se tolerará el tráfico ni el maltrato de fauna silvestre y anunció que se intensificarán las acciones contra quienes cometan este tipo de delitos. Además, invitó a la ciudadanía a denunciar cualquier caso similar a la línea de emergencias del Área Metropolitana (304 630 0090).
Este caso vuelve a encender las alarmas sobre la presión que enfrenta la biodiversidad en el Valle de Aburrá y la necesidad de fortalecer la protección de las especies silvestres.
Otros finales tristes que deja el maltrato animal
El caso de la tigrilla lanuda se suma a otros episodios tristes que evidencian el impacto del tráfico ilegal de fauna en el Valle de Aburrá; como el caso del mono ardilla que, aunque fue recuperado por la Policía Ambiental y trasladado al centro de atención del Área Metropolitana, las secuelas físicas y comportamentales que dejó el cautiverio le impedirán regresar a la naturaleza.
El primate, un macho adulto de una especie que no habita de forma natural en la subregión, llegó con desnutrición severa, bajo peso, un diente fracturado, ausencia de otras piezas dentales y afectaciones óseas producto de una alimentación inadecuada. Estas condiciones, según los expertos, son permanentes y reflejan el daño que causa la tenencia ilegal de animales silvestres como mascotas.
Además de las afectaciones físicas, el mono desarrolló comportamientos incompatibles con la vida en libertad. Aunque se mueve con agilidad entre las perchas, busca constantemente el contacto humano y vocaliza como si esperara atención, señales de una domesticación forzada que compromete su supervivencia en el bosque.
Desde el Área Metropolitana reiteraron el llamado a no comprar, poseer ni comercializar fauna silvestre. Casos como este muestran que, incluso cuando hay rescate, muchos animales no logran recuperar su libertad y terminan pagando de por vida las consecuencias del tráfico ilegal por culpa de los humanos.