(...) las políticas culturales, de restauración del patrimonio histórico, de educación y de medios de comunicación, pueden resultar complementarias a las políticas más tradicionales de combate al crimen organizado, como el trabajo de la magistratura y la política criminal. Las políticas culturales son medidas preventivas, cuyos resultados se incorporan en la estructura social con consecuencias en el largo plazo; estas políticas debilitan las oportunidades criminales y los incentivos para ser parte de la criminalidad organizada y evitan su aceptación y justificación en la vida de cada persona y en la sociedad. Se trata de crear una conciencia colectiva y compartir información. (...)
Las políticas culturales, de educación, de medios de comunicación y de restauración de patrimonio histórico contribuyen a concienciar los ciudadanos sobre los costos de la presencia del crimen organizado en su propio territorio. Invertir en las nuevas generaciones es fundamental para lograr ese objetivo.
(Fragmentos de la presentación del libro Hacia una cultura de la legalidad, la experiencia de la región siciliana y la ciudad de Palermo, Italia).
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