En Libia, una célula del terrorista Estado islámico (EI) decapitó a 21 personas, cristianos pertenecientes a la minoría de los coptos de Egipto. Habían sido secuestrados en diciembre y enero. Es una más de las muestras de salvajismo de unos fanáticos musulmanes cuya ceguera fundamentalista les impide cualquier asomo de piedad o de razonamiento.
El Papa Francisco lo dijo claro ayer: han sido asesinados por ser cristianos. De hecho, los verdugos, ciegos de odio, se refirieron a sus víctimas como “los cruzados”, miembros de “una iglesia hostil”. ¿Habrá quién pueda hacer justicia?.
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