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Editoriales | PUBLICADO EL 28 noviembre 2022

¿Qué sigue con las OPAs?

Ahora con la amenaza de una andanada de litigios, ¿en qué nivel de prioridad quedarán los asuntos estratégicos de las compañías para sus directivos?

Completamos un año de la que ha sido, sin duda, la sacudida empresarial más importante del siglo 21 en Colombia. El intento del Grupo Gilinski y de la familia real de Abu Dhabi por tomar el control de las compañías del denominado Grupo Empresarial Antioqueño (GEA).

Hace un año, de la noche a la mañana, Gilinski hizo ver al antes impenetrable enroque del GEA como vulnerable. Su estrategia se vio nítida desde el día uno: si lograba controlar alguna de las empresas líderes, el banquero tendría poder de decisión sobre las más de 100 compañías que aportan 83.000 empleos y han llegado a representar más del 5 % del PIB del país. De ser exitoso, Gilinski tendría todo para ser el hombre más rico de Colombia, al igual que uno de los más poderosos del país.

Lo calificaron de “jugada maestra” y tenía todos los ingredientes para serlo: se necesita ambición, audacia y plata. Las dos primeras las tenía Gilinski de sobra, también la tercera, pero no suficiente, y por eso buscó la alianza con la familia real de Abu Dhabi.

Pero contrario a lo que muchos pronosticaban no resultó ser tan fácil. Más de un año después de la primera OPA, por más que haya ganado posiciones relevantes en las juntas de Sura y Nutresa, las movidas tácticas de Gilinski –unas santas y otras no tan santas– no han sido suficientes para quedarse con el control del enroque. La OPA que terminó la semana pasada por el Grupo Nutresa, declarada desierta, es la tercera oferta consecutiva por parte de Gilinski y sus socios que culmina sin éxito.

Pero el problema ahora es que la disputa entre los Gilinski y los administradores del GEA y demás accionistas ha llegado a un momento muy tenso. Los eventos que se dieron en la última ‘junta’ de Sura, en la cual tres miembros quisieron tomarse a la ‘fuerza’ el control de la compañía, no solo son lamentables sino que son un maltrato inaceptable para una empresa que se ha construido con seriedad y responsabilidad.

Ahora se está abriendo un nuevo capítulo en el plano legal: Gilinski y sus socios parecen estar dispuestos a llegar hasta donde sea necesario para lograr el control que, hasta el momento, no han podido obtener bajo las reglas del mercado. Los administradores del GEA, por otro lado, se han mostrado igual de obstinados en no ceder el control bajo los términos propuestos.

¿Quién gana con esta situación? Pues absolutamente nadie.

Por un lado, las empresas del GEA, claves para la economía no solo de Antioquia, sino de todo el país, llevan un año de desgaste. Las asambleas extraordinarias para temas de las OPAs se tornaron en algo ordinario: con más de una por mes, ya ni siquiera son noticia. Las juntas de las compañías cambian constantemente: Sura ha tenido que cambiar cinco veces su junta, algo impensable para una empresa de su categoría.

Ahora con la amenaza de una andanada de litigios, ¿en qué nivel de prioridad quedarán los asuntos estratégicos de las compañías para sus directivos? Sura, Nutresa y Argos cuentan con la fortuna de haber presentado resultados históricos en lo que va del año, los reconocimientos por sus prácticas de sostenibilidad y buena reputación se han mantenido. ¿Pero podrán sostener estos resultados si se prolonga esta camorra? El panorama económico para el otro año se oscurece, lo último que necesita una compañía es un equipo directivo sometido a presiones extremas ‘ajenas’ al negocio.

Del otro lado, sin llegar al control, Gilinski está “encartado”. Se quedó a mitad de camino cruzando el río y la corriente ya le está subiendo arriba de la cintura. Gilinski es un empresario billonario, un hombre rico en unos niveles que la mayoría de las personas jamás llegará a dimensionar. Sin embargo, no es lo suficientemente rico para llevar una operación como esta con sus propios recursos.

Según Forbes, la fortuna de los Gilinski se encuentra en una cifra entre los 3.500 y 4.000 millones de dólares. En lo que va de las OPAs, han invertido aproximadamente 2.700 millones de dólares por el 38 % de Sura y 31 % de Nutresa, lo que implica que para acrecentar más sus posiciones en las compañías están jugando con una cantidad de dinero que podría llegar a superar el valor de su patrimonio. ¿Cómo están financiando esta operación? Seguramente apalancados, con dinero prestado, y la plata prestada no es gratis. El tiempo juega en contra cuando hay que pagar de intereses, y una posición minoritaria como la que tienen los Gilinski no es fácil de vender, menos cuando un cambio de gobierno aumenta la incertidumbre y la confianza de otros inversionistas en el país. Y aún peor, en la medida en que más sacuden a las empresas en la bolsa, más baja el valor de la acción y por ende la inversión que el mismo Gilinski hizo se puede desvalorizar. ¿Cuánto tiempo más aguantarán en la posición actual?

Lo que menos les conviene a los accionistas, a la ciudad, la región y, en general, a toda Colombia, es que la puja por el control del GEA se vuelva un asunto de litigios millonarios que demoren años. ¿No hay otra salida posible a este asunto? ¿Qué tal si se sientan a conversar?

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