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Editoriales | PUBLICADO EL 18 octubre 2021

La división de los gremios

Infográfico
La división de los gremios

El Consejo Gremial Nacional, que desde hace treinta años ha sido el principal foro donde se consolidan posiciones del sector empresarial, ha perdido protagonismo. La institucionalidad gremial requiere ser fortalecida, a través de la unidad y no con más actores dispersos.

La reciente creación de Aliadas, asociación que se proyecta como el contrapeso del Consejo Gremial Nacional (CGN), llama a la reflexión sobre el estado en que se encuentra el gremialismo en Colombia.

Para empezar, el nacimiento de la nueva organización deja al descubierto preocupantes fisuras en la tradicional cúpula empresarial del país, al punto de que algunos gremios —que no han pertenecido al CGN— prefieran armar rancho aparte. Se sabe de los duros pulsos que se han dado en el interior del Consejo Gremial cuando, en el pasado, asociaciones empresariales han tocado sus puertas solicitando ingresar. Y, la verdad, no ha sido fácil. Mientras unos han defendido la idea de que el Consejo Gremial es más fuerte en la medida en que represente la mayor constelación de intereses del sector productivo, otros han ejercido una especie de “bloqueo” implícito con el argumento de que ya hay gremios de gremios adentro, como la Andi o la SAC, que tienen la vocería de una amplia representatividad. No es un secreto que esta situación ha venido acumulando malestares. Visto así, no resulta extraño que 16 gremios y asociaciones empresariales hayan considerado la opción de constituirse como una alternativa independiente para impulsar su propia interlocución con el gobierno y consolidar la posición de los sectores que la integran. Según la presidenta de Aliadas, la exministra María Claudia Lacouture, seis gremios están en proceso de vinculación y han recibido comunicación de al menos diez más interesados en sumarse. Si se concretan, Aliadas terminaría con treinta y dos afiliados, más que el Consejo Gremial, que tiene treinta.

Aunque la dirigente ha dicho que quieren trabajar de la mano del CGN, la forma como se ha promocionado la naciente asociación deja la sensación de que quiere ser su competencia. Algunos, incluso, tienen la percepción de que lo que se pretenden es deslegitimar al Consejo Gremial al enfatizar en los principios que inspiran a Aliadas, que, en el fondo, son los mismos de todo el empresariado colombiano, basado en la defensa de la libre empresa.

El asunto es que ahora habrá dos altas instancias del sector gremial en la interlocución con el gobierno. Esto podría no ser eficiente y hasta inconveniente para los intereses del empresariado: el gobierno podría terminar ganando los pulsos sobre temas coyunturales de consulta y concertación. El Consejo Gremial, que está cumpliendo treinta años, se autodefine como un foro permanente de deliberación de temas de interés del sector productivo para presentarlos de manera consensuada al gobierno. Pero llevar esto a la práctica ha sido muy difícil. De hecho, hay quienes piensan que estos gremios cúpula son instituciones muy difíciles de sostener en sociedades cada vez más complejas y donde hay intereses estructuralmente diferentes que impiden los acuerdos. Posturas proteccionistas versus las del libre mercado ocasionan choques profundos entre los mismos agremiados. También hay marcadas diferencias frente a temas tributarios. Y así con muchos asuntos.

Para fortalecer la institucionalidad gremial, que debería ser un propósito, se requiere unión antes que más actores dispersos. En el pasado, muchos estudiosos que han evaluado la acción de los gremios en América Latina han destacado estas instituciones en Colombia como las mejor estructuradas y las más influyentes. Los gremios han sido clave en definiciones de políticas macroeconómicas estabilizadoras, políticas comerciales y, más recientemente, en los acuerdos de paz y con ocasión de la pandemia. En síntesis, la dirigencia gremial está en mora de hacer correctivos. Desempeña un papel importante en el país para el sostenimiento de la democracia, su crítica ponderada frente a las acciones del Estado, sin intereses egoístas y ansias de protagonismos, ayuda a construir un mejor país. Por eso no puede perderse el esfuerzo que se ha hecho a través de la historia

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