Por tercera vez al reajustar su equipo de Gobierno, el presidente Juan Manuel Santos le anuncia al país un “gabinete para la paz”. A una nación de memoria corta, el Jefe de Estado le dijo el 6 de septiembre de 2013, al hacer el primer gran cambio de ministros -en esa ocasión, cinco de ellos-, que ese sería “un gabinete de unidad para la paz”. Luego, al asumir su segundo mandato y nombrar nuevos funcionarios, expresó (12 de agosto de 2014) que el suyo sería un gabinete “para la paz, la equidad y la educación”. Ayer, lo declaró de nuevo como un equipo “para la paz y el postconflicto”.
Los que llegan lo hacen a los ministerios que más cambios han tenido en estas dos administraciones. Podrían denominarse “carteras instrumentales”, si no fuera por lo serio de los asuntos que tienen a su cargo, y que de continuo se ven sometidos a interrupciones en sus programas y líneas maestras. Mientras la economía y las empresas, en un entorno globalizado, van a velocidad de crucero, la política menuda del país demanda al gobierno de turno puestos y cuotas burocráticas sin importar que afecte la continuidad de los grandes proyectos de Estado. La empresa más importante, Colombia, cambia de “subgerentes”, y muchas veces no por razones de incompetencia, cada que están acoplándose a sus cargos.
Es el caso del Ministerio de Transporte. Con lo que el país se juega en infraestructura, competitividad, desarrollo, lo que aquí se mira es si sigue siendo cuota del vicepresidente de la República o si se le da más representación burocrática a otro partido.
Pero remitiéndonos ya a los nuevos titulares, tan significativo es mirar quién llega, como quién se va y quién se queda. Se va uno de los ministros más ejecutivos, Luis Felipe Henao. Lo reemplaza la exalcaldesa de Barranquilla, Elsa Noguera, cercana al vicepresidente Vargas Lleras. Como quiera que ese Ministerio no es solo de Vivienda sino también de Ciudad y Territorio, es de esperar aportes de la nueva ministra en una política urbana más ordenada y coherente.
También sale la ministra de Comercio, Cecilia Álvarez, quien por momentos se notó poco adaptada en esa cartera. Llega María Claudia Lacouture, quien como directora de Procolombia conoce bien el tema de las exportaciones, tarea fundamental de la agenda de ese Ministerio. Ha estado cerca de los gremios y tiene buena interlocución con el sector empresarial.
En Trabajo sale Luis Eduardo Garzón tras una pobre gestión, sin mayores resultados. Aunque provenía de la base sindical, no logró encontrar el espacio para hacer una labor destacable. La elección de Clara López era previsible, habida cuenta de su papel en la apretada reelección de 2014. La presidenta del Polo Democrático tiene formación académica y conoce el manejo de la cosa pública. Con ella llega la agenda del Polo, así incurran en el muy colombiano eufemismo de decir que llega al gobierno “a título personal”.
Nos parece conveniente la continuidad en el Ministerio de Salud, sector cuya aguda crisis requiere estabilidad de políticas y ejecución de reformas, propugnando, por supuesto, para que el ministro Alejandro Gaviria pueda encontrar soluciones para una problemática que puede desembocar en grave problema social.
Este es un gabinete de mayor representación regional y política, aunque no sabemos si sea efectivamente “el de la paz”. Es previsible que el presidente siga contando con apoyos parlamentarios suficientes para aprobar sus proyectos y habilitarle los poderes especiales que pide para atender las inacabables demandas de las Farc. Que ese apoyo político se convierta en recuperación de la confianza popular, es otra cosa muy distinta, que no parece cerca por el momento.