Luego de muchas especulaciones y de que se contratara a una empresa cazatalentos para seleccionar al nuevo presidente de Ecopetrol, la junta directiva nombró a Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda del primer gobierno del presidente Juan Manuel Santos.
Desde que comenzó a sonar el nombre de Echeverry como posible sucesor de Javier Genaro Gutiérrez, diversos sectores hicieron reparos a la posibilidad de que la llegada del exministro representara una injerencia directa del Gobierno en la principal empresa del país.
Además, aunque se reconocen la formación, las capacidades y los logros académicos de Echeverry, se ha señalado su falta de conocimiento del sector petrolero y su escasa experiencia en el campo empresarial, asuntos estos de vital importancia en momentos en que el sector enfrenta serias dificultades y el panorama hacia el futuro luce bastante complicado.
No obstante, sería poco realista esperar que el accionista mayoritario de la empresa se marginara de la posibilidad de presentar candidato. La importancia aquí radicaba no tanto en que el candidato fuera o no del Gobierno, si no en que el escogido fuese un profesional con capacidad técnica e independencia de carácter para administrar un conglomerado que por la diversidad de cometidos a su cargo es más que todo una multinacional. De allí que también la junta haya nombrado a Camilo Marulanda, un ejecutivo experto, como Vicepresidente Ejecutivo.
Los retos que tienen están a la vista. Cada vez se hacen más evidentes las graves consecuencias que sobre la industria del petróleo y los agregados económicos tiene la destorcida del precio internacional del crudo.
Como consecuencia de esta situación, las empresas petroleras han sufrido un duro golpe en sus estados financieros, lo cual se ha manifestado en una caída vertiginosa de su cotización en bolsa. Ello las ha obligado a redefinir sus estrategias operativas y a revisar sus planes y proyectos de inversión.
Ecopetrol no ha sido la excepción. Precisamente, durante el último trimestre de 2014 tuvo un saldo en rojo de 611.000 millones de pesos, lo que llevó a que, para el año completo, las utilidades de la empresa fueran de solo 7,8 billones de pesos, lo que representa una reducción de 41,5 por ciento respecto a las obtenidas en 2013.
Con estos resultados, las directivas de la empresa han propuesto que el 70 por ciento de las utilidades de 2014 se destine al pago de dividendos.
Varios analistas han considerado inadecuado que, en la situación actual, se destine un porcentaje tan alto al pago de dividendos y más sabiendo que con ello se afecta el programa de exploración, asunto que resulta esencial para la sostenibilidad de Ecopetrol.
El principal beneficiario de la propuesta de repartición de dividendos es el Gobierno que, entre otras cosas, está necesitado de recursos frescos que le ayuden a solventar la precaria situación fiscal que enfrenta.
Ha habido, también, preocupación por el hecho de que la privatización parcial de Ecopetrol haya llevado a que las decisiones de la empresa se guíen más por objetivos políticos de corto plazo.
En este orden de ideas, Echeverry tendrá que demostrar que es capaz de conformar un equipo altamente técnico y conocedor del sector, de rodearse bien, ser eficiente, así como dejar claro que no es una ficha del Gobierno. Él conoce la complejidad de lograr buenos resultados en este país, y para empezar a ejecutar planes muy ambiciosos de la petrolera, deberá contar con un margen prudencial, aunque sabiendo que en épocas de crisis hay más ojos vigilantes para asegurar la sostenibilidad de una empresa que es de todos.
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