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La muerte de Fidel Castro debería animar a su hermano Raúl a hacer cambios a los que no se había atrevido. La sociedad civil, a pesar de la continua represión, puede jugar un papel activo.
El fallecimiento del dictador Fidel Castro, cerebro de la Revolución Cubana, ha dado lugar a la magnificación de los supuestos logros de la revolución, sin advertir la represión a las libertades políticas y civiles de los cubanos durante casi sesenta años, ni la postración de la isla, causada por el modelo de planificación central de la economía, propio de todo régimen totalitario.
Sin Fidel Castro influyendo en las decisiones de su hermano Raúl, así como en las del Partido Comunista, algunos se han aventurado a anunciar el fin de la dictadura y el inicio del cambio político definitivo, con la consecuente profundización de las reformas liberalizadoras de la economía. Se han imaginado el tránsito a la democracia liberal, con pluralidad de partidos y elecciones abiertas y libres de la interferencia del régimen, y con una ciudadanía activa que tendrá la posibilidad de cuestionar abiertamente al poder establecido.
Sin embargo, a diferencia de las transformaciones ocurridas en Europa del Este...