No cabe duda que la paz con las guerrillas es el más importante legado a la historia de la República en 200 años de historia. La paz tiene que alcanzarse a partir de la verdad y la justicia. Ninguna sociedad hace tránsito a una reconciliación estable, en medio de la impunidad. De allí el valor que debe concedérsele a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP). Un sistema de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición es indispensable para hacer tránsito hacia una paz sin impunidad, que a su vez asegure la implementación de mecanismos de resarcimiento, de cara al oprobioso daño causado a la sociedad.
Nuestra preocupación ahora radica en la necesidad de que la JEP se implemente a la mayor brevedad, para que en la transición no haya solución de continuidad frente a la justicia; no se dé suspensión de las investigaciones mientras entra en funcionamiento la JEP y en su seno se cierre jurídicamente el conflicto.
Creemos firmemente que la JEP está llamada a este cierre. Por ello, la tesis de la concurrencia de competencias para el juzgamiento de los delitos de guerra, con normas diferenciales, nos hace pensar que no es precisamente la Fiscalía la que le pone palos en la rueda a una paz estable y duradera.
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