Temeraria, por no decir irresponsable, la renuncia de la Cancillería colombiana a responder las múltiples llamadas y solicitudes de la Cancillería de Venezuela para establecer una línea de comunicación de emergencia que siempre ha existido entre los dos países aún en las peores circunstancias. La relación entre los dos países es atípica, pero no significa que se deban cortar los canales de comunicación.
Venezuela se está preparando para una guerra a la cual lamentablemente el Gobierno colombiano está contribuyendo con la actitud displicente de nuestra Cancillería y con las declaraciones de altos funcionarios donde manifiestan que la consideran viable y hasta útil.
Mientras la Cancillería de Colombia se rehúsa a tener una línea de comunicación de emergencias con Venezuela, en los dos países crece el ruido de tambores que piden guerra.
Si Colombia no se hubiera retirado de Unasur aislándose de la región, en este momento podría estar liderando en Suramérica una nueva posición respecto a los migrantes; que partiera del reconocimiento de que son ciudadanos del mundo y como tales tienen derecho a tener derechos.
* Trinos emitidos en su cuenta @ernestosamperp
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