El presidente Santos busca reunir fuerzas diversas en torno a su política de paz, convocando a quienes han sido incluso adversos a sus programas, como el caso del Polo.
En las democracias donde funciona el sistema gobierno-oposición no es bien visto que los líderes de oposición entren a hacer parte del gobierno. Los miembros de los partidos tienen una suerte de disciplina, con por lo menos alguna unidad de criterio.
Ahora bien, el argumento que Clara López hace de la paz como título para participar en el Gobierno sí es consecuente con la posición de su partido, el Polo, que ha dicho que lo único que podría generarle apoyo al gobierno actual es la paz. Y ella misma, desde la segunda vuelta presidencial, lo ha dicho.
Hay que mirar que en nuestro país, con excepción de los partidos liberal y conservador, el resto tienen menos de 10 años o muy poco más. Desde 2002 se han reconfigurado. Y aparte de ello, las divisiones en la izquierda son históricas. Ni esos partidos nuevos ni los tradicionales tienen unicidad, aunque hoy en día casi ninguno la tiene en el mundo. Los partidos ya no son monolíticos, tienen matices, pero eso aquí se exagera.
Tampoco vamos a encontrar grandes partidos de masas. La tendencia es de partidos “atrapatodo”, sin ideologías definidas.
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