El sector hotelero en Colombia atraviesa un momento crítico. La caída en la demanda, el aumento sostenido de los costos y el crecimiento acelerado de la informalidad están configurando un entorno adverso para la operación de los establecimientos.
A este panorama se suma un deterioro en la seguridad y un contexto internacional que encarece los viajes, factores que impactan directamente la ocupación y, en consecuencia, el empleo formal. Según el gremio se perdieron 13.000 puestos de trabajo en la hotelería entre 2023 y 2025.
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José Duarte, presidente de Cotelco, advierte, además que la expansión de las viviendas turísticas, con un crecimiento cercano al 550% en tres años, está generando una competencia desigual que está desplazando la demanda del sector formal y afectando la sostenibilidad empresarial.
¿Cuál diría que es la principal preocupación del gremio hotelero hoy?
“Realmente son varias las preocupaciones que el sector enfrenta en este momento y no se trata de un solo factor aislado. Estamos en un escenario de mucha turbulencia en donde convergen distintos elementos: una contracción de la demanda que se ha venido evidenciando en los últimos periodos, un crecimiento abismal y galopante de la informalidad que está capturando una parte importante del mercado, y unos incrementos en los costos operacionales que, por supuesto, comprometen la vitalidad de las pequeñas, medianas e incluso también de algunas grandes empresas del sector. Todo esto ocurre de manera simultánea y genera un entorno muy desafiante para la sostenibilidad de la actividad hotelera formal”.
¿Cuánto han aumentado los costos, por ejemplo en nómina?
“Si nosotros tomamos la nómina como referencia, encontramos un crecimiento del valor total cercano al 21%. Esto no responde únicamente al aumento del salario mínimo legal mensual vigente, que fue del 23%, sino también a la necesidad de ajustar las escalas salariales de quienes devengan dos o tres salarios mínimos.
Es decir, se generó toda una reorganización salarial que tuvo que ser asumida por los establecimientos. En el caso de los pequeños hoteles, estos incrementos han estado cerca del 20%, mientras que en los grandes rondan el 17%, dependiendo de la intensidad de la mano de obra y de cuántos trabajadores están vinculados a salarios mínimos. Esto claramente obliga a hacer ajustes internos y presiona la estructura de costos de toda la operación”.
¿Cómo ha impactado esto el empleo en el sector?
“Este contexto ha tenido un impacto directo sobre el empleo. Si tomamos las cifras de los últimos tres años, encontramos que se han perdido cerca de 13.000 empleos en la hotelería, según datos oficiales de la encuesta mensual de alojamiento del Dane. Estamos hablando de empleos formales, que ofrecen condiciones dignas y justas, vinculados a un sector que históricamente ha sido intensivo en mano de obra. La pérdida de estos puestos de trabajo refleja precisamente la caída en la ocupación y las dificultades que enfrentan los establecimientos para sostener sus operaciones en medio de este entorno”.
¿Qué papel juega el sector de rentas cortas en esa pérdida de empleo?
“La vivienda turística juega un papel determinante en este fenómeno. Es un modelo que, en la práctica, no genera empleo: cerca del 90% de quienes operan bajo esta modalidad reportan que no tienen trabajadores. La lógica es completamente distinta, porque se trata de entregar un inmueble para que el usuario se atienda por su cuenta, sin servicios asociados.
En contraste, la hotelería formal genera en promedio cerca de 0,7 empleos por habitación, e incluso en algunos casos puede alcanzar hasta 2,2 empleos por habitación. Es decir, hay una diferencia sustancial en la capacidad de generación de empleo formal, que es clave en un país que necesita más oportunidades laborales”.
¿Cómo afecta la informalidad la demanda del sector hotelero?
“Lo que estamos viendo es que una parte importante de la población se está desplazando hacia servicios que muchas veces pretenden parecer formales, pero que no cumplen con las mismas condiciones. Esto impacta directamente el gasto en alojamiento y en servicios de comida, que son componentes relevantes del producto interno bruto del sector.
Hoy, por ejemplo, estamos por debajo del nivel de PIB que teníamos en 2022 en estas actividades, lo que evidencia una pérdida de dinamismo asociada, en buena medida, a este traslado de la demanda hacia la informalidad”.
¿Se ha desplomado el turismo interno?
“Las cifras del Dane son claras. Si tomamos la encuesta de gasto interno en turismo, encontramos que en 2024 hubo cerca de 500.000 colombianos menos haciendo turismo en el país frente a 2019. Esto es una señal evidente de contracción de la demanda, que también se refleja en el bajo crecimiento del sector, que apenas alcanza el 0,5%, muy por debajo del crecimiento general de la economía, que está alrededor del 2,6%. Esa brecha muestra que el turismo y, particularmente, la hotelería, no están recuperando el dinamismo esperado”.
¿Cuánto ha crecido la vivienda turística?
“En los últimos tres años, la vivienda turística ha crecido cerca de un 550%. Se trata de un crecimiento completamente desacoplado de las posibilidades reales de la economía y de la demanda.
Es un aumento que no responde a un crecimiento orgánico del mercado, sino a unas condiciones que han facilitado su expansión sin los controles adecuados, lo que termina generando distorsiones importantes”.
¿El Registro Nacional de Turismo está funcionando adecuadamente?
“No, el Registro Nacional de Turismo no está cumpliendo su función como debería. Es un registro laxo, de carácter declarativo, en el que no se está verificando adecuadamente la información. Nosotros analizamos una muestra de 600 establecimientos y encontramos que 300 tenían errores o inconsistencias. Incluso hay casos de negocios que no tienen relación con la actividad turística y que cuentan con registro activo. Esto demuestra que se requiere una depuración profunda para poder identificar realmente quiénes están operando en el sector”.
¿Qué tan grande es la oferta informal por fuera del registro?
“La magnitud es significativa. Estimamos que cerca del 45% de la oferta no está registrada en el sistema. En un estudio identificamos 67.000 viviendas turísticas registradas, pero al mismo tiempo encontramos 104.000 adicionales operando en plataformas digitales sin estar dentro del Registro Nacional de Turismo. Esto evidencia que hay una parte muy importante del mercado que no está siendo controlada ni medida adecuadamente”.
¿Cómo impacta este panorama a los pequeños hoteleros?
“El impacto es especialmente fuerte sobre los pequeños y medianos empresarios, que representan cerca del 95% del sector. Muchas de estas son empresas familiares que tienen que operar en condiciones de competencia desleal, en una cancha claramente desnivelada. Esto pone en riesgo su sostenibilidad, porque no cuentan con la misma capacidad financiera para absorber los aumentos de costos ni para competir con precios más bajos derivados de la informalidad”.
¿Qué está pasando con el precio de los tiquetes aéreos?
“En el caso de los tiquetes aéreos, estamos viendo un impacto directo del aumento en el precio del jet fuel, que está ligado a referencias internacionales como el Brent. Hemos analizado mercados como Estados Unidos y Brasil, y ya se evidencian incrementos en los costos de los tiquetes. Factores geopolíticos, como el conflicto en Irán, han generado una presión al alza en estos precios, lo que puede desestimular los viajes, especialmente los internacionales, y afectar aún más la dinámica del sector”.
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