Mientras muchos colombianos hacen cuentas para empezar el año, en la capital antioqueña el balance financiero pesa un poco más. Ocho de cada diez ciudadanos reconocen que se arrepienten de no haber ahorrado o invertido mejor su dinero, una sensación que se intensifica tras el gasto de fin de año y que hoy ubica a la ciudad por encima del promedio nacional en niveles de presión económica y frustración financiera.
Así lo revela la segunda edición del Índice de Arrepentimiento Financiero (IAF), elaborado por MejorCDT y la firma de investigación Views, un estudio que radiografía cómo los colombianos usan sus ingresos extra —como la prima— y qué emociones quedan después de diciembre. El informe no solo muestra una preocupación extendida en el país, sino que pone a Medellín como uno de los focos donde el arrepentimiento financiero es más profundo y persistente.
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Un país que gasta más de lo que planea y ahorra
A nivel nacional, el estudio indica que el 79 % de los colombianos se arrepiente de cómo gastó sus ingresos extra, una cifra que confirma una constante: la intención de ahorrar existe, pero pocas veces se convierte en acción. La prima de fin de año, que suele verse como una oportunidad para mejorar la salud financiera, termina en muchos casos diluyéndose en gastos inmediatos, deudas o consumo no planificado.
El fenómeno no distingue ocupación. Trabajadores con contrato, independientes y pensionados muestran altos niveles de frustración frente al uso de su dinero adicional, aunque con matices. Quienes tienen ingresos estables son, paradójicamente, los más autocríticos: casi nueve de cada diez empleados o contratistas reconocen haberse arrepentido de no ahorrar o invertir más, según el IAF nacional.
Para David Susa, cofundador de MejorCDT, este patrón revela un problema estructural en la relación de los colombianos con el dinero.
“El ahorro es el único motor capaz de convertir el dinero en bienestar tangible. Mientras el gasto impulsivo deja un rastro de arrepentimiento, la inversión genera una cadena de resultados positivos”, afirma.
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Medellín: más arrepentimiento, más presión
En el caso de Medellín, los datos son aún más contundentes. El 81,99 % de los ciudadanos se arrepiente de no haber ahorrado o invertido más, una cifra que supera el promedio nacional y ubica a la ciudad como la segunda con mayor nivel de arrepentimiento financiero del país.
A ese sentimiento se suma otro dato clave: el 81,04% de los habitantes asegura comenzar 2026 con presiones económicas, casi cinco puntos porcentuales por encima del promedio nacional (76,4%). En otras palabras, no solo hay arrepentimiento, sino una percepción clara de estrechez financiera al iniciar el año.
El informe muestra que este malestar se concentra especialmente en los adultos entre 51 y 60 años, quienes representan el 40% de los casos de arrepentimiento en la ciudad. Les siguen las personas entre 30 y 40 años, un grupo que empieza a cuestionar con más fuerza sus decisiones financieras, mientras que el segmento de 41 a 50 años registra menores niveles de frustración.
Intención de ahorro que no siempre se cumple
Paradójicamente, Medellín muestra mejores cifras que el promedio nacional en un punto clave: el 69% de los ciudadanos afirma haber ahorrado o invertido parte de su prima o ingresos adicionales, frente al 67,8% del país. Sin embargo, el estudio advierte que esa intención no siempre se traduce en resultados sostenibles.
La principal razón es la falta de planeación. Muchos colombianos definen el destino de su prima con poca anticipación o cambian de decisión en el camino. El dinero, en lugar de tener un propósito claro, entra a competir con gastos cotidianos y termina convirtiéndose en “plata de bolsillo”, una expresión que se repite entre los encuestados.
El contexto político también pesa. En Medellín, el 47,3% de los ciudadanos afirma que el escenario electoral de 2026 influye en su disposición a ahorrar o invertir, una cifra ligeramente superior al promedio nacional. Aun así, el optimismo no desaparece: el 72,99% de los habitantes se declara optimista frente a su situación económica para este año, un nivel incluso mayor que el del resto del país.
Este contraste —optimismo frente al futuro, pero presión en el presente— refleja una tensión común: las personas quieren mejorar su relación con el dinero, pero no siempre cuentan con herramientas claras, simples y confiables para hacerlo.
Las barreras para invertir siguen intactas
El estudio identifica tres grandes frenos que impiden convertir la intención en ahorro real: la percepción de que se necesita mucho dinero para empezar, la idea de que invertir es complejo o requiere demasiado tiempo, y la desconfianza en plataformas digitales.
Para Susa, derribar esas barreras es clave para reducir el arrepentimiento financiero: “Cuando una persona separa una parte de su ingreso extraordinario y la destina a un instrumento seguro, como un CDT, ese dinero deja de competir con el gasto inmediato y empieza a cumplir un propósito claro”.
El papel de los instrumentos de bajo riesgo
En ese contexto, productos tradicionales como los Certificados de Depósito a Término (CDT) vuelven a ganar protagonismo, especialmente entre quienes buscan proteger su capital en un entorno de incertidumbre. Plataformas digitales como MejorCDT, que permiten invertir desde montos relativamente bajos y comparar opciones entre bancos, aparecen como una respuesta directa a las barreras identificadas por el estudio.
Hoy, según la compañía, más de 550.000 personas usan la plataforma, generando más de $120.000 millones en rentabilidades, una señal de que cuando el proceso se simplifica, la intención de ahorro sí puede convertirse en acción.
El Índice de Arrepentimiento Financiero deja una conclusión clara: tanto en Medellín como en el resto del país, el problema no es la falta de conciencia, sino la dificultad para ejecutar mejores decisiones financieras.
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