Sin titubeos y tras la captura de Nicolás Maduro en la madrugada de este 3 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó en claro que tomará el control de Venezuela, y confirmó lo que era un secreto a voces: las petroleras gringas explotarán las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, las venezolanas.
En una rueda de prensa que duró alrededor de casi una hora, Trump brindó detalles sobre la operación que terminó con la captura de Maduro. Y reconoció que EE. UU. tomará control Venezuela hasta que se haga una transición pacífica, pero además sostuvo que hará negocios con el petróleo venezolano.
“Haremos que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses entren, gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura que está muy dañada y comiencen a ganar dinero para el país”, indicó.
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Hay que precisar que este país norteamericano posee la corona de ser el mayor productor del mercado petrolero. Dispone de reservas probadas superiores a los 80.000 millones de barriles.
Así las cosas, se espera que Estados Unidos se convierta nuevamente en el mayor socio de Venezuela en términos energéticos. Hay que recordar que en los años setenta y ochenta, Caracas y Washington sostuvieron una relación estratégica, basada en la energía. De hecho, EE. UU. dependía de manera significativa del crudo ese país, mientras que Venezuela se consolidó como uno de sus aliados clave en América Latina y como uno de los principales abastecedores de crudo en la región.
Así, la petrolera venezolana Pdvsa desarrolló una estrecha red de negocios con refinerías estadounidenses, lo que afianzó la interdependencia entre ambos países.
Todo comenzó a cambiar a partir de 1999, con la llegada de Hugo Chávez al poder. El impulso a las nacionalizaciones, el discurso crítico hacia “el imperialismo” de Estados Unidos y la búsqueda de nuevos socios internacionales, entre ellos China y Rusia, marcaron un punto de inflexión.
Washington continuó adquiriendo petróleo venezolano durante los primeros años del chavismo, pero el entendimiento político se fue deteriorando, las relaciones se acabaron y llegaron las sanciones económicas que sumaron al declive de la economía venezolana que dependía en gran medida de la venta de petróleo al carecer de una diversificación.
¿Por cuánto tiempo Estado Unidos manejará Venezuela?
La pregunta que queda en el aire es por cuánto tiempo Trump tendrá el control. El propio mandatario gringo reconoció que no será rápido. “Tomará tiempo”. Justificó que hay que reconstruir la infraestructura que está “podrida” y es antigua. Incluso, mencionó que “extraer el petróleo es peligroso y que puede morir mucha gente por hacerlo”.
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No es un secreto que EE. UU. desarrolla una guerra comercial con China y con Rusia, que se acercaron a Venezuela tras el chavismo. Y esta jugada en Caracas podría tensionar más sus relaciones. Al respecto Trump solo contesto en su rueda de prensa que su idea es que se produzca mucho petróleo para venderle a otras naciones.
Y es que más allá de ser una fuente de energía que mueve economías, el petróleo es un activo estratégico y geopolítico. Los países que lo producen o controlan grandes reservas tienen mayor influencia internacional, capacidad de negociación y poder económico. Por esta razón, el acceso al crudo ha sido históricamente un factor de conflicto, alianzas y decisiones de política exterior. Eso lo convierte en un activo muy codiciado.
Adicional, precisó que Estados Unidos no gastará dinero en esa operación porque las petroleras estadounidenses, con la última tecnología, extraerán el crudo el suelo. “Vamos a recuperar el petróleo que tuvimos que haber recuperado hace mucho tiempo”, sentenció.
Venezuela posee la mayores reservas del mundo
Lo cierto es que los ojos del mundo están puestos en esta gran jugada que dio Estados Unidos. Y no es para menos, ahora Estados Unidos está a cargo del suelo que fue considerado la potencia regional en el siglo XX e inicios de del XXI por su riqueza petrolera.
En términos de reservas, los datos son concluyentes. Venezuela cuenta con aproximadamente 303.300 millones de barriles de petróleo probado, lo que la ubica por encima de Arabia Saudí, con 297.700 millones; Canadá, con 168.000 millones; Irán, con 157.800 millones; e Irak, con 145.000 millones de barriles.
Para dimensionar esa realidad, en territorio venezolano cuenta con alrededor del 17% de las reservas de crudo mundiales. La mayor parte de este volumen se concentra en el Cinturón del Orinoco, una de las regiones energéticas más extensas del mundo.
La cuestión es que ese potencial se fue diluyendo con el paso de los años. Una combinación de gestión deficiente, falta de inversión sostenida y sanciones impuestas por Estados Unidos provocó un fuerte descenso en los niveles de extracción.
Su producción sigue muy por debajo de su potencial, lo que ha sido el dolor de cabeza para aprovechar al máximo esa riqueza energética. Los datos sugieren que Venezuela produce alrededor de 1,1 millones de barriles diarios, mientras que su vecino Guyana ronda a los 900.000, siendo 4,3 veces más pequeño en territorio.
El deterioro en su producción obedece a un cóctel de situaciones: mala gestión histórica del sector, la salida de inversión extranjera, las sanciones internacionales y el envejecimiento de la infraestructura han reducido la capacidad operativa de la industria petrolera a una fracción de lo que fue en el pasado.
Este escenario impide que el país genere ingresos acordes con la magnitud de sus recursos energéticos. Como señalan analistas del sector, el problema no radica en la disponibilidad de petróleo, sino en la capacidad de explotarlo de forma eficiente, sostenible y competitiva en los mercados internacionales. Un dilema que para los expertos cambiaría con la entrada de las petroleras gringas.
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