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Disidencias de “Calarcá” se volvieron la roya de los cafeteros, quienes sufren caída de 28% en su producción

Producción cafetera cayó 28% en lo que va del 2026 y disidencias cobran por cada palo sembrado en regiones como Huila. Dos amenazas frenaron lo que fue el mejor año del café colombiano en 2025.

  • La cosecha cafetera más alta en tres décadas quedó atrás en 2025. Ahora, en 2026, las disidencias y el clima castigan al café colombiano. FOTO: El Colombiano.
    La cosecha cafetera más alta en tres décadas quedó atrás en 2025. Ahora, en 2026, las disidencias y el clima castigan al café colombiano. FOTO: El Colombiano.
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La cosecha cafetera más alta en tres décadas quedó atrás en 2025. Ahora, en 2026, las disidencias y las condiciones climáticas castigan al café colombiano.

El año pasado, el sector cafetero tuvo un ciclo que no se veía desde la época dorada del grano. La producción llegó a 14,8 millones de sacos de 60 kilos entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, el mayor volumen en más de 30 años. Las exportaciones sumaron 13,3 millones de sacos. Los ingresos por ventas al exterior alcanzaron cerca de 5.400 millones de dólares, una cifra histórica para el sector. Más de 540.000 familias sintieron ese impulso en sus bolsillos. El grano llegó a desplazar a los combustibles como el principal producto de exportación del país.

Ese momento no duró. En 2026, dos fenómenos golpean al sector al mismo tiempo; por un lado, la producción cae de forma acelerada por efectos climáticos; por otro lado; las disidencias de las Farc les cobran a los caficultores por cada mata de café sembrada en sus parcelas, denuncias que llegaron del Huila, el mayor departamento productor del país. Así las cossas, son dos royas distintas, una climática y una criminal, que recortan los ingresos del productor y ponen en riesgo la estabilidad del campo colombiano.

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Infográfico
Disidencias de “Calarcá” se volvieron la roya de los cafeteros, quienes sufren caída de 28% en su producción

La cosecha en 2026 se desaceleró frente a las buenas cifras de 2025

Abril de 2026 marcó el inicio de la cosecha del primer semestre, pero los números muestra desaceleración en la producción. Según la Federación Nacional de Cafeteros, durante ese mes se produjeron 697.000 sacos, frente a 703.000 en abril de 2025, una caída de apenas 1%, que en términos relativos parece pequeña, pero que se lee dentro de un ciclo anual lleno de contracciones.

El gerente general de la Federación, Germán Bahamón, explicó que este comportamiento confirma que la cosecha empieza a moverse, “aunque con retrasos derivados de las lluvias, especialmente en los departamentos del sur del país, donde la maduración del fruto se ha visto afectada. Esperamos que en mayo, particularmente durante la segunda quincena, comience a reflejarse con mayor claridad la salida de la cosecha”.

Los datos acumulados muestran que, en los últimos 12 meses, entre mayo de 2025 y abril de 2026, la producción llegó a 12,4 millones de sacos, frente a 14,9 millones del periodo anterior, una reducción de 17%. En lo que va del año cafetero, la producción suma 6,9 millones de sacos, contra 9,3 millones del ciclo anterior, con una caída de 26%.

Incluso el centro de estudios económicos Anif, en su comentario económico, registró que en lo corrido hasta abril de 2026 la producción nacional cayó 28,3%, al ubicarse en 3,2 millones de sacos frente a los 4,5 millones del año previo. Y el precio interno del café para ese mes fue de $2.229.900 por carga, una disminución del 26,8% anual. Fue el segundo mes consecutivo por debajo de $2.300.000, después de 15 meses seguidos por encima de ese nivel.

Asimismo, la Federacafé reportó que las exportaciones bajaron en abril, cuando se exportaron 682.000 sacos, frente a 802.000 en abril de 2025, una disminución de 15%. Mientras que, en los últimos 12 meses, las exportaciones totales llegaron a 11,9 millones de sacos, con una reducción de 7% frente al periodo anterior.

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El Niño se avecina, lo que temen los caficultores colombianos

Detrás de estos números hay factores climáticos que los caficultores sienten en el terreno como la eventual configuración de un fenómeno de El Niño, con 82% de probabilidad de que se consolide entre mayo y julio de 2026, siendo la principal preocupación del sector para lo que resta del año.

Ana María Bermúdez, directora ejecutiva (e) del Comité Departamental de Cafeteros de Antioquia, describió que, durante el primer semestre, ha observado floraciones dispersas, “lo que permite prever una cosecha igualmente dispersa y posiblemente disminuida, que podría extenderse incluso hasta enero o febrero de 2027”.

En esa misma línea, Álvaro Gaitán, gerente Técnico de la Federación Nacional de Cafeteros, recordó que, en estos momentos, se esta iniciando la cosecha de mitaca en buena parte del país, la cual es menos relevante en los departamentos de la zona norte por tener cosechas principales en el segundo semestre. “En el mes de julio se podrá ver con mayor claridad el cuajamiento de las floraciones del primer semestre que determinan la carga y distribución de esa cosecha principal”.

Por eso, Bermúdez precisó que en Antioquia, la cosecha principal arranca en el segundo semestre, con más fuerza a partir de septiembre y octubre, pero la preocupación no es solo de volumen, debido a que “dependiendo del momento y de la intensidad con que se presente el fenómeno, podría afectar los frutos en formación, incidir en la calidad del café por un posible aumento de los ataques de broca, o impactar la traviesa del primer semestre de 2027”.

Si las condiciones se mantienen similares a otras zonas del país, Antioquia podría cerrar con una cosecha cercana a 1,9 millones de sacos, entre un 15% y un 20% menos que el año pasad.

En ese orden, el caficultor antioqueño Esteban Peláez anotó que la falta de lluvias, el aumento de temperaturas y el estrés hídrico en los cafetales se traduce en menos producción, cosechas dispersas y menos uniformidad. “El calor aumenta plagas y enfermedades. El Niño representa un reto para el manejo agronómico de los cultivos”.

Peláez agregó que si el cafetal está bien nutrido puede resistir mejor, aunque la producción igual baja. Y avisó el efecto en precios: “En términos económicos subiría el precio del mismo”.

Gaitán reiteró que los caficultores y productores, por el momento, deben completar la primera fertilización del año en este periodo de lluvias y monitorear la presencia de broca en los frutos en desarrollo, en preparación a El Niño, en el segundo semestre. “Siguen vigentes condiciones de tasa de cambio, precio internacional y costo de insumos por efecto de la situación en el estrecho de Ormuz, que inciden externamente en la rentabilidad de los productores”, dijo.

Por otra parte, Oscar Gutiérrez, director ejecutivo nacional de Dignidad Agropecuaria Colombiana y vocero de Dignidad Cafetera, alertó sobre el impacto económico que enfrenta el sector cafetero por el aumento internacional en los costos de producción. Aunque estimó que el precio del café podría mantenerse este año por encima de los US$2 por libra y verse favorecido por una eventual subida del dólar, señaló que la guerra entre Estados Unidos e Irán y las tensiones en el estrecho de Ormuz están disparando el precio de los fertilizantes, con incrementos superiores al 50% en algunos casos.

A esto se suma, dijo, el efecto del invierno prolongado durante buena parte del primer semestre, situación que ya estaría generando un estancamiento y una menor producción cafetera. “Habrá una merma en la producción del país y, por lo tanto, un menor ingreso global para los cafeteros”.

El retroceso del sector no solo viene del clima colombiano. La recuperación de la producción en Brasil, el mayor productor mundial, empezó a presionar los precios hacia abajo. Las expectativas para ese país apuntan a una cosecha de 71,4 millones de sacos en 2026, un crecimiento anual de 11,5%. Eso le quitó presión alcista a los precios internacionales.

Al mismo tiempo, la apreciación del peso colombiano golpeó la rentabilidad del exportador nacional. Según la Federación, el efecto cambiario generó pérdidas de entre $500.000 y $550.000 por carga de café para los productores. Un grano que se cotiza en dólares, pero cuyos costos se pagan en pesos, enfrenta un doble apretón cuando la moneda local se fortalece y los precios externos caen.

En este contexto, Juan Pablo Villota, cofundador de Café San Alberto, aseguró que el sector cafetero atraviesa un panorama complejo. “Cada vez es más frecuente escuchar sobre fincas en venta y productores desmotivados por el abandono estatal en materia de seguridad”.

A esto, dijo, se suma la caída de las cotizaciones internacionales frente a los niveles observados en 2025, situación que afecta la capacidad de inversión de los caficultores y puede derivar en menor productividad y mayor incidencia de enfermedades que deterioran la calidad del grano.

“La incertidumbre climática asociada al fenómeno de El Niño podría favorecer una gran floración y una buena cosecha si el verano es moderado, pero que también podría provocar efectos adversos si se presentan temperaturas extremas y sequías prolongadas”, aclaró.

Sin embargo, advirtió que si este “cóctel” de dificultades se profundiza, las consecuencias podrían sentirse con mayor fuerza hacia 2027. En el caso de Café San Alberto, afirmó que la apuesta seguirá enfocada en el segmento de cafés de alta calidad y valor agregado.

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El fondo de ahorro cafetero entra en acción

Ante ese panorama, la Federación activó uno de los mecanismos que los caficultores construyeron durante los últimos siete años. Durante ese periodo, cada productor aportó 0,5 centavos de dólar por libra exportada a una cuenta especial administrada por la entidad gremial. Esos recursos se canalizaron al Fondo de Estabilización de Precios del Café (FEPC), creado mediante la Ley 1969 de 2019.

El Comité Nacional del FEPC aprobó destinar $40.000 millones para apoyar al sector. El dinero sale exclusivamente de los rendimientos financieros generados en 2025, sin tocar el capital acumulado. A eso se suman $10.000 millones asignados por el Ministerio de Agricultura a través del programa FAIA Café.

Bahamón explicó que este mecanismo busca “proteger el ingreso del caficultor implica, necesariamente, proteger su productividad. El programa está orientado a facilitar el acceso a fertilización oportuna y adecuada, condición indispensable para sostener y mejorar los niveles productivos del parque cafetero, especialmente en la antesala de un posible fenómeno de El Niño”.

El gerente también mencionó las presiones sobre los costos de los insumos: las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos e Irán y las disrupciones logísticas en el Golfo de Ormuz encarecieron de forma sustancial los fertilizantes, un gasto ineludible para cualquier caficultor que quiera mantener su parcela productiva.

La roya criminal: les cobran por cada palo de café

Mientras el sector batalla contra el clima y los precios, una segunda amenaza llegó desde las zonas rurales del Huila, en donde las disidencias de las Farc comandadas por alias ‘Calarcá Córdoba’, específicamente el frente ‘Iván Díaz’ del bloque ‘Jorge Suárez Briceño’, empezaron a cobrarles a los caficultores de Algeciras por cada árbol de café sembrado en sus parcelas.

La fórmula de la extorsión es la siguiente, quien tenga 10.000 árboles paga $100 por palo. Quien tenga 20.000 paga $200 por cada uno. Quien llegue a 30.000 matas enfrenta una tarifa de $300 por árbol. Esta denuncia la hizo pública el excongresista huilense Jaime Felipe Lozada Polanco, quien recibió mensajes de campesinos de Algeciras.

“He recibido en las últimas horas llamadas y mensajes de mis paisanos de Algeciras, quienes muy preocupados me han dicho que el terrorista ‘William Suárez’, de la estructura ‘Iván Díaz’, los está citando a las veredas La Arcadia y El Toro para darles órdenes con respecto a las elecciones venideras, pero además para cobrarle $150 por palo de café sembrado”, publicó en su cuenta de X.

Alias ‘William Suárez’ opera como jefe del frente disidente ‘Iván Díaz’, que también llega a los municipios de Campoalegre y El Hobo, en donde los grupos citaron a presidentes de juntas de acción comunal para que les entregaran información sobre cafeteros, empresarios y comerciantes de la zona.

A su vez, el diputado conservador Omar Alexis Díaz advirtió que esta situación había sido anticipada en los debates de seguridad de la Asamblea del Huila, cuando “habíamos dicho que el blanco de las disidencias eran nuestros cafeteros, por el buen precio del café y porque el Gobierno venía ayudándoles en los temas de abono”.

La consecuencia de estos actos delictivos es que las ganancias que los productores esperaban de los buenos precios del grano terminan en manos del grupo armado. “Desafortunadamente las ganancias del café no las están ni siquiera gozando los propios cafeteros porque se las llevan las disidencias de las Farc”, señaló el diputado.

Ante estas denuncias, el gerente de la Federación declaró en sus redes sociales: “La extorsión a los cafeteros es terrorismo económico contra la ruralidad colombiana. Nunca normalizaremos que quienes trabajan honestamente el campo tengan que producir bajo amenaza. El Estado tiene la obligación de garantizar seguridad real en las zonas rurales. Sin seguridad, no hay campo”.

En ese mismo sentido, desde el Comité Departamental de Antioquia, señalaron que el miedo muchas veces impide la denuncia. “Hacemos un llamado respetuoso pero firme a las autoridades competentes para fortalecer la presencia institucional en los territorios cafeteros y brindar garantías reales de seguridad a las familias rurales”, aseguró Bermúdez.

El vocero de Dignidad Cafetera calificó como “sumamente grave” la situación de extorsiones. Advirtió que se trata de “un horrible crimen contra la economía de los productores” y rechazó de manera tajante el secuestro, la extorsión y cualquier acción violenta contra las comunidades rurales, al señalar que “ningún argumento político justifica estos comportamientos delincuenciales” en las zonas cafeteras del país.

El dirigente gremial aseguró que la situación no solo golpea las finanzas de los caficultores, sino también el ambiente social y productivo de las regiones. Según explicó, el temor generado por la presencia de grupos armados ha frenado inversiones, afectado el mantenimiento de los cafetales y complicado la movilidad de trabajadores y comerciantes hacia algunas zonas rurales.

Además, advirtió que, si el Estado no atiende la problemática con “suprema seriedad”, podrían repetirse fenómenos de desplazamiento forzado de productores agropecuarios, como ya ocurrió en el pasado. En ese sentido, pidió mayores garantías de seguridad, acompañadas de medidas sociales y económicas para mejorar las condiciones de vida de las comunidades rurales.

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El excongresista Lozada llamó al comandante del Batallón de Alta Montaña de Algeciras a emprender operaciones de profundidad para neutralizar la estructura criminal. Incluso, el gobernador del Huila informó que aprobó la compra de un radiolocalizador de llamadas, valorado en cerca de $4.500 millones, que permite georreferenciar en tiempo real la ubicación de quien hace una llamada extorsiva.

El empresario Villota recalcó que la inseguridad en las carreteras, las extorsiones y la delincuencia en las zonas rurales terminan desmotivando al agricultor, limitando el acceso seguro a los cultivos y golpeando los ingresos de las familias cafeteras. “Eso genera una cadena de consecuencias que aumenta la pobreza y termina encareciendo la canasta familiar”.

Germán Bahamón, Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros. FOTO: Colprensa.
Germán Bahamón, Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros. FOTO: Colprensa.

Siete de cada diez caficultores reciben llamadas extorsivas

El fenómeno no se limita al Huila. Un estudio del Politécnico Grancolombiano, titulado Café, Conflicto y Extorsión: Un Análisis Cuantitativo en Municipios de Colombia, analizó información de 1.122 municipios durante una década y encontró que la extorsión contra caficultores es un problema estructural que afecta a varias regiones del país.

Los investigadores Jaime Wilches, Karolina Baquero y Rodrigo Atehortúa documentaron que siete de cada diez productores en zonas cafeteras han recibido llamadas extorsivas. Sin embargo, menos del 15% denuncia ante las autoridades, por miedo a las retaliaciones.

En Antioquia, los municipios con mayor número de casos son Angostura, Anzá, Barbosa, Ciudad Bolívar, Montebello y Nariño, con tasas de extorsión que oscilan entre 25 y 65 casos por cada 100.000 habitantes. El corredor del occidente y suroeste antioqueño concentra tres factores que agravan el problema: alta actividad cafetera, condición PDET por el legado del conflicto armado y tasas elevadas de extorsión.

El docente Jaime Wilches afirmó que “la extorsión se hace más fuerte en municipios caficultores que combinan ausencia del Estado, conflicto y, en algunos casos, cultivos de coca. Cuando estas condiciones se juntan, el delito crece y se consolida un impuesto criminal que opera sin mayor resistencia”.

El estudio identificó que la extorsión no depende de la violencia letal ni del secuestro. Los grupos armados adoptaron un método distinto, la presión económica estable y silenciosa. Cobran por carga transportada, por hectárea sembrada o por palo de café. Es un modelo menos visible que el secuestro y más sostenido en el tiempo, lo que lo hace más rentable para las estructuras criminales.

Las consecuencias van más allá del bolsillo inmediato del productor, ya que con la extorsión normalizada, las familias cafeteras ven reducidos sus ingresos, disminuida su participación en cooperativas y frenado su tránsito hacia cafés especiales, el segmento que más valor agrega y mejor precio obtiene en los mercados internacionales.

Entre 2014 y 2023, la extorsión en Colombia aumentó más del 70%, con un máximo histórico de 10.560 denuncias. La combinación de ser municipio cafetero y estar en zona PDET incrementa en promedio 3,4 casos adicionales de extorsión por cada 100.000 habitantes, según el mismo estudio.

Pese al retroceso global del sector, la Federación Nacional de Cafeteros ganó participación en las exportaciones. En los últimos 12 meses exportó 2,5 millones de sacos, un crecimiento del 5% frente al mismo periodo anterior, lo que le representa el 21,1% del total exportado por Colombia.

Bahamón anunció que espera que en mayo, especialmente durante la segunda quincena, la cosecha del primer semestre empiece a reflejarse con mayor volumen en las cifras. Las importaciones estimadas de los últimos 12 meses fueron de 1,35 millones de sacos, y el consumo interno se ubicó en 2,3 millones de sacos.

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