El auge del turismo en Antioquia empieza a reflejarse en el concreto. En los próximos dos años iniciarán obra 19 proyectos no residenciales que suman más de 179.000 metros cuadrados, y más de la mitad de esa área estará destinada a hotelería y vivienda turística, consolidando al sector como uno de los grandes motores de la nueva construcción en el departamento.
Datos de Camacol Antioquia, con corte a diciembre de 2025, muestran que el mayor volumen corresponde a inmuebles de uso mixto para habitaciones de hotel, vivienda turística y/o renta corta, con el 57% del total del área proyectada. Le siguen oficinas (20%), bodegas (13%), locales comerciales (6%), consultorios (3%) y parqueaderos (2%).
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¿Dónde se construirán?
Medellín concentra la mayor área proyectada, con 69.273 metros cuadrados, seguida de Envigado (47.527 m²) y Rionegro (29.647 m²), consolidando al Valle de Aburrá y el Oriente como los principales polos de expansión.
Otros municipios como Sabaneta, Girardota, El Carmen de Viboral y Apartadó también participan en esta dinámica, aunque con áreas más moderadas. La distribución evidencia que el fenómeno no se limita a la capital, sino que responde a una expansión regional vinculada a la conectividad, la cercanía al aeropuerto José María Córdova y el desarrollo de nuevos corredores turísticos.
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Antioquia, segunda región con más metros cuadrados licenciados para alojamiento no residencial
Analizando las licencias de construcción aprobadas en el país, Antioquia también se destaca en proyectos de alojamiento no residencial.
A noviembre de 2025, se aprobaron 93.807 m², ubicando al departamento como el segundo con más metros cuadrados licenciados en este segmento, solo por detrás de Magdalena (157.208 m²).
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Por municipio, el 83% de estas licencias aprobadas se concentran en El Retiro, Medellín, Apartadó, Bello, Envigado y Rionegro.
¿Qué impulsa el auge de la construcción de proyectos turísticos?
El crecimiento de los proyectos de uso turístico en Antioquia se estaría viendo impulsado por una diversidad de nichos turísticos que han generado una demanda superior a la oferta actual, especialmente en formatos de estancia temporal.
Según explicó a este diario Eduardo Loaiza, gerente de Camacol Antioquia, el mercado está respondiendo a un cambio estructural en la demanda. Por esto, dijo, el portafolio de los nuevos proyectos que iniciarán obra en el departamento incluye glampings, hoteles de marca y edificaciones con uso habitacional destinadas al alquiler por temporadas.
“Los modelos de negocio también son variados: hay proyectos con propietarios individuales que operan directamente; otros en los que el constructor se asocia con un operador especializado; esquemas financiados por fondos de inversión que construyen y administran; e incluso desarrollos mixtos, donde una parte del edificio es operada por una marca hotelera y otras unidades pueden ser habitadas o arrendadas por sus dueños”, indicó Loaiza.
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¿Infraestructura hotelera rezagada?
El año pasado, Medellín rompió récord con 1,2 millones de turistas extranjeros y se ha consolidado como uno de los principales destinos para nómadas digitales en América Latina, un segmento que ha transformado la dinámica del alojamiento en la ciudad. A diferencia de las familias tradicionales, estos viajeros buscan espacios para estadías cortas o de mediana duración, generando una creciente presión sobre la oferta disponible.
En los últimos años, la infraestructura hotelera convencional de la capital antioqueña no ha logrado absorber completamente esta demanda, lo que ha dado lugar a alternativas informales a través de plataformas digitales, principalmente en apartamentos residenciales.
“Ante la falta de proyectos diseñados para renta temporal, muchos propietarios optaron por alquilar apartamentos en copropiedades concebidas para vivienda permanente, lo que generó tensiones en estos conjuntos”, señaló Loaiza.
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Este desbalance es lo que estaría impulsando hoy el desarrollo de proyectos concebidos desde su origen para el alquiler por temporadas: edificaciones que integran habitaciones, espacios de coworking, oficinas y servicios complementarios, intentando ordenar un mercado que creció más rápido que la regulación.
Según Juan Camilo Vargas, presidente de Asohost, gremio de prestadores de vivienda turística, muchos de los modelos hoteleros tradicionales están perdiendo atractivo, obligando a replantear el desarrollo inmobiliario en el sector de alojamiento, porque “hoy no basta con diseñar un proyecto atractivo en renders, llevarlo a la sala de ventas y desaparecer cuando se vende al 100%.
Desde su óptica, los proyectos vinculados a alojamiento requieren una visión de largo plazo, así como articulación y coherencia operativa. “Cuando no existe una sinergia real entre propietarios o inversionistas, operador del activo, administración de la copropiedad, seguridad y servicios, el proyecto empieza a fallar, aunque el mercado esté en crecimiento”, comentó.
Impacto en la oferta de viviendas
Pero el crecimiento de la construcción de proyectos turísticos también reaviva el debate sobre su impacto en la oferta de vivienda tradicional.
Loaiza reconoció que este “boom” puede reducir la disponibilidad de inmuebles destinados a arriendos de largo plazo, pero aseguró que la apuesta del sector es diferenciar claramente ambos mercados.
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“El objetivo es que turistas y nómadas digitales se alojen en edificaciones diseñadas específicamente para ese fin y no desplacen a los residentes locales de sus viviendas tradicionales”, señaló. La estrategia, explicó, apunta a ordenar el crecimiento del alojamiento temporal mediante proyectos concebidos desde el origen para renta corta, con reglas claras de operación.
De hecho, a finales del año pasado se conoció un borrador de decreto del Gobierno Nacional que busca reforzar la regulación sobre plataformas de alojamiento como Airbnb, incluyendo mayores exigencias en materia de uso del suelo y control urbanístico.
El anuncio generó opiniones encontradas. Por un lado, voceros que se oponen a la expansión de rentas cortas en zonas habitacionales consideran que requisitos como la autorización de las copropiedades y una verificación más estricta del uso del suelo ayudarían a mitigar la salida de residentes permanentes, mejorar la calidad de vida en barrios que no fueron concebidos para el turismo y reducir los conflictos de convivencia.
Desde el otro frente, el sector de rentas cortas advierte que una regulación excesiva podría afectar una industria que, según sus cifras, genera alrededor de $10,6 billones anuales en el país, sostiene cerca de 215.000 empleos y cuenta con más de 70.000 viviendas turísticas formalmente registradas.