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$900 millones: así opera el negocio de la Alcaldía con el Atanasio y otros escenarios de Medellín

El empresario de espectáculos Ricardo Leyva le contó a EL COLOMBIANO cómo desde la Alcaldía le cancelaron un concierto que tenía en el Atanasio y lo mandaron a negociar con un externo que le pidió $900 millones en efectivo para quitarle trabas.

  • El alcalde Daniel Quintero y su esposa, Diana osorio, dan las pautas sobre qué eventos se deben aprobar. En teoría serían los que más derrama económica le dejan a la ciudad, pero habría otros motivos en los que influirían hasta seis exsecretarios del despacho. FOTO: EL COLOMBIANO.
    El alcalde Daniel Quintero y su esposa, Diana osorio, dan las pautas sobre qué eventos se deben aprobar. En teoría serían los que más derrama económica le dejan a la ciudad, pero habría otros motivos en los que influirían hasta seis exsecretarios del despacho. FOTO: EL COLOMBIANO.
  • Diomar García es uno de los empresarios del entretenimiento que más se ha beneficiado de la curiosa forma como se asignan los escenarios de la ciudad para la realización de conciertos. FOTO: EL COLOMBIANO.
    Diomar García es uno de los empresarios del entretenimiento que más se ha beneficiado de la curiosa forma como se asignan los escenarios de la ciudad para la realización de conciertos. FOTO: EL COLOMBIANO.
24 de junio de 2023
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Muchos se preguntaban por qué cambió de escenario el concierto de las estrellas de la salsa, previo a la Feria de las Flores y uno de los más esperados del año. Se fue del estadio de Medellín para el de Evigado y pasó de ser un espectáculo para 40.000 personas a uno que solo podrán verlo 20.000. EL COLOMBIANO pudo develar que detrás estuvo el cobro sospechoso de 900 millones de pesos a los organizadores.

El tema estaría ligado a un entramado con visos corruptos, montado desde el piso 12 de La Alpujarra y que estaría controlado por Diana Fonseca, una bogotana que se convirtió en algo así como la zarina de los espectáculos en la ciudad porque –como se dice coloquialmente– ni la movida de un catre puede hacerse sin que ella la apruebe.

Ese engranaje estaría sirviendo, según testimonios recogidos por este medio, para cobrar comisiones y beneficiar económicamente a personas del entorno de Fonseca y funcionarios de alto nivel en la administración. También, para conformar un grupo de empresarios “privilegiados” que llevan la delantera para que les presten los escenarios a disposición del Distrito, como el estadio Atanasio Girardot.

Ya EL COLOMBIANO había hablado del trato privilegiado hacia el empresario Diomar García, quien se ha lucrado con el préstamo del Atanasio para conciertos como el de J Balvin, Maluma, Daddy Yankee y Karol G, además de que en noviembre próximo está planillado para traer al grupo RBD. Esto a cambio, al parecer, de favores como la posibilidad de que el alcalde Daniel Quintero subiera a darse pantalla en pleno concierto de Daddy Yankee.

Diomar García es uno de los empresarios del entretenimiento que más se ha beneficiado de la curiosa forma como se asignan los escenarios de la ciudad para la realización de conciertos. FOTO: EL COLOMBIANO.
Diomar García es uno de los empresarios del entretenimiento que más se ha beneficiado de la curiosa forma como se asignan los escenarios de la ciudad para la realización de conciertos. FOTO: EL COLOMBIANO.

Otro de esos empresarios que coge vuelo en las preferencias del equipo de Quintero es Fernando Dussan, quien ya tiene varias aprobaciones de escenarios a su favor. Mientras tanto, algunos promotores artísticos que han querido ejercer en la ciudad, reciben portazos.

En el caso concreto del concierto “Viva la salsa”, que el próximo 28 de julio tendrá a las leyendas vivas de este género, como Rubén Blades, Óscar de León, Niche, los hermanos Lebrón, la Sonora Ponceña o Maelo Ruiz, al ser preguntados al respecto, los propios empresarios –Ricardo Leyva y John Sepúlveda– dieron la cara y contaron con pelos y señales por qué tuvieron que cambiar su plan original de presentar ese gran cartel artístico en el Atanasio, ante 40.000 personas, para hacerlo ante solo la mitad en el Estadio Polideportivo Sur de Envigado.

Según Leyva, las gestiones se habían hecho como es debido para el préstamo del Atanasio y el 18 de enero pasado, el entonces secretario de Gobierno Juan Pablo Ramírez le dio el visto bueno al uso para el evento salsero, tras una reunión en la que le pidió 10 palcos y habrían negociado un patrocinio a cambio de 2.000 boletas para oriental baja, que según dijo el funcionario en ese momento, utilizarían para agasajar a los asistentes a un encuentro de docentes que se realizará en la ciudad.

Al día siguiente, el 19 de enero, le llegó a Leyva la carta en la que la Alcaldía de Medellín se ratificaba en el compromiso. El problema es que 45 días después se retractaron porque supuestamente ya estaba aprobado previamente el Atanasio a nombre de Fernando Dussan. “Nunca nadie me había hecho salir en publicidad con un estadio anunciado y luego me tocara irme”, dijo Leyva.

La sugerencia era que tratara de llegar a un arreglo con él para que ambos espectáculos usaran el mismo montaje, uno el viernes 28 y el otro sábado 29, de manera que incluso podían compartir costos de producción. Pero Dussan le hizo una propuesta que le pareció traída de los cabellos. Le pidió $900 millones ¡en efectivo! y por anticipado para que pudiera hacer el concierto en la fecha señalada. A esas alturas ya había vendidas 15.000 boletas, pero Leyva no aceptó; con su socio John Sepúlveda, se fue a buscar opciones y de inmediato el alcalde de Envigado, Braulio Espinosa, le abrió la puerta.

“Ninguno de los que había comprado boletas rechazó el cambio de sede. Vamos a cumplir con nuestro concierto, estamos prácticamente agotados con un aforo de 20.000 boletas, pero el perjuicio mayor será para los espectadores que iban a comprar boletas más baratas, de 50.000, 80.000 o 100.000 pesos y ya no las pondrán tener por la capacidad inferior que hay. Ahora la boleta de menor valor es de 125.000”, expresó Sepúlveda.

La ciudad en su conjunto resultará perjudicada porque esta taquilla, en el plan original ascendía a más de $5.000 millones, de los cuales 10%, es decir $500 millones se iban en impuestos, sin mencionar las plazas de trabajo que ya no se generarán por aseo y logística en el estadio, así como los ingresos para los venteros de comida de los alrededores.

Dussan es bogotano como Fonseca, copropietario de una empresa de iluminación en la capital de la república y representante de Dussan Producciones. Varias personas del entorno de los espectáculos aseguran que sostiene una relación afectiva con Diana Fonseca.

Entre el 16 y el 19 de mayo pasado Dussan organizó en Medellín el festival Paradiso, que combinó ventas con bebidas y diversión y sirvió para inaugurar una gran carpa de 5.000 metros cuadrados recién montada en el aeroparque Juan Pablo II.

Previamente EL COLOMBIANO había publicado que dicha obra no contaba con licencia de construcción ni permiso de la Aerocivil ni del Ministerio de Cultura. Estos últimos son requeridos por estar el aeroparque en el predio del aeropuerto Olaya Herrera que se considera bien de interés patrimonial.

Pues resulta que cuando los funcionarios de Gestión y Control Territorial de la Alcaldía visitaron el sitio los atendió alguien que se identificó como Mauricio Jaramillo. Ahora, fuentes le dijeron a este medio que se trata del socio o administrador de varios negocios de Dussan.

En la cuenta de Facebook de Dussan aparece destacando la megacarpa, que por su tamaño más parece un coliseo cubierto, y promoviendo Pa’ Medallo, un concierto con Farruko, Nodal, Paulina Rubio, Ivy Queen y Hebert Vargas, entre otros, que se hará en el Atanasio, el 29 de julio próximo, el mismo fin de semana en que se iba a realizar el concierto “Viva la salsa”.

El comité en la sombra

La versión de Leyva y Sepúlveda coincide con información que ya le habían dado otras fuentes a EL COLOMBIANO en torno a la existencia de un poderoso comité que funciona desde el piso 12 de La Alpujarra y que decide sobre las autorizaciones de espectáculos en la ciudad y el uso de los escenarios que dependen del Distrito, como el Atanasio, pero también sobre Plaza Mayor, el coliseo cubierto, el Parque Norte, el estadio Cincuentenario y el Aeroparque Juan Pablo II.

“Hasta el propio Bureau, que es la entidad encargada de promocionar a la ciudad, tiene que pasar por este filtro y hay veces que esa entidad no ha sido capaz de venderles la idea a ellos”, aseguró otra fuente.

El mecanismo legal para ese proceso siempre fue el Comité de Espectáculos y Actividades Públicas, que según el Decreto 1199 de 2011 debe presidir el secretario de Gobierno y contar con la presencia de representantes de la subsecretaría de Apoyo a la Justicia, secretarías de Hacienda, Movilidad, Cultura y Salud; Policía, Dagrd y Departamento de Planeación.

No obstante, desde 2020, es decir desde que se posesionó el alcalde Daniel Quintero, el organismo pasó a ser un cero a la izquierda, porque las decisiones las toma un núcleo cerrado en el que la primera voz la lleva Diana María Fonseca Ávila, quien en varias ocasiones fue denunciada por el entonces concejal Daniel Carvalho, hoy representante a la Cámara, por ser la persona que daba las órdenes en la Secretaría de Cultura.

Fonseca es amiga muy cercana de Diana Osorio, la esposa del alcalde Quintero y estuvo en la organización de las concentraciones petristas que tuvieron lugar en Medellín en las pasadas elecciones, según destacaron medios locales de información. La propia primera dama la ha presentado como la directora de eventos de Medellín.

Otro miembro del llamado comité sería Samuel Arturo Romero Sanmiguel, quien también devenga cerca de 5 millones de pesos mensuales a través de un contrato con Telemedellín para apoyar las comunicaciones de la Alcaldía. Lo cierto es que es un personaje reconocido como “pura sangre” dentro de Independientes, el partido del alcalde Quintero; no en vano fue aspirante al Concejo en 2019 por ese movimiento y en sus redes sociales se le puede ver codeándose y defendiendo a ultranza a la administración.

Las fuentes indican que aparte, siempre habrían hecho parte del comité fantasma quien ha ocupado la secretaría de Gobierno (Esteban Restrepo, María Camila Villamizar y Juan Pablo Ramírez); el secretario de Cultura, Álvaro Narváez; Santiago Preciado, quien ha fungido como secretario de Inclusión Social y secretario de Participación Ciudadana; y asistía además el hasta hace poco secretario de Comunicaciones Juan José Aux o en su defecto el secretario de Desarrollo Económico.

Cuentan además historias sobre las dádivas que al parecer exigen, como la asignación de palcos y la entrega en calidad de “cortesías” del 1% de la boletería para “manejo relacional”, un eufemismo que tiene que ver con el pago de favores y mantener aceitada la maquinaria clientelista. De hecho, en las fotos de los principales conciertos han aparecido los influencers adeptos a la administración ubicados en los sitios preferenciales.

“Villamizar aprovechaba para sumar seguidores en sus redes y ganar popularidad. Hacía preguntas y al que contestara le daba uno o dos pases de cortesía. Lo curioso es que al poco tiempo a quienes participaban les llegaba un mensaje de vuelta por Whatsapp diciendo ‘lo sentimos, pero ya se cerró’. Así repartía por ahí unas 20 y de lo que pasaba con las otras 380 solo ella sabrá”, expresó una de las fuentes. Los sucesores de Villamizar seguirían reclamando las boletas, con el agravante de que tampoco dan cuenta de qué pasa con ellas.

Pero esa sería solo la “menuda” de lo que exige el comité fantasma, pues estarían cobrando comisiones ilegales de entre el 10 y 20 por ciento del producto calculado, “dependiendo del marrano y de la magnitud del evento”.

Generalmente la aprobación también está condicionada a exigencias adicionales que no están en la norma, como la aparición de la imagen de la alcaldía en la forma más rimbombante posible y hasta la promoción de artistas primerizos amigos de los políticos puestos en el poder local.

“Si el acuerdo llega a su feliz término se puede disponer del escenario, de lo contrario no se puede”, apuntan las fuentes que describen la ocurrencia de un modus operandi de presiones indebidas que se habrían repetido de manera similar a lo ocurrido con el cobro de los $900 millones a Leyva y Sepúlveda: el de la aprobación del escenario, la retractación y un empresario dueño de los derechos que pide una cantidad de dinero por ceder las fechas.

Esas fuentes plantean la pregunta que también queda en el aire de por qué conciertos de primer orden, como el de Ana Gabriel o Plácido Domingo también se fueron de Medellín hacia Envigado, o por qué Fito Páez también se mudó del Atanasio para el Teatro Metropolitano. Las razones, dice, estarían en ese comité del piso 12.

EL COLOMBIANO se comunicó con Fernando Dussán, sin embargo, hasta el cierre de esta edición no había respondido a nuestras preguntas.

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