Las fuerzas del orden venezolanas detuvieron, por lo menos, a 173 personas durante un paro general de 24 horas convocado ayer por la oposición para protestar contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro. La huelga dejó dos muertos, informó la organización de defensa de los derechos humanos del Foro Penal Venezolano (FPV).
Aunque las protestas se centraron en Caracas, también hubo parálisis de actividades en ciudades como Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, San Cristóbal y Maracay.
Del total de detenidos, 76 arrestos se produjeron en la provincia del Zulia, limítrofe con Colombia, mientras que en Nueva Esparta se contaron 43 arrestos.
Sectores enteros de Caracas permanecieron cerrados al tráfico, se paralizaron las comunicaciones y buena parte del comercio no abrió sus puertas.
El paro —que busca escalar la presión contra Maduro— fue acogido masivamente en el este de Caracas, en donde un bastión opositor despertó con zonas enteras convertidas en territorios fantasma, y tuvo una repercusión desigual en el oeste popular de más tradición chavista.
Alcantarillas levantadas, alambres tensos y atados en los extremos, muebles, basura y ramas de árbol servían para bloquear vías en la parte oriental de la capital, al que decenas de jóvenes encapuchados de la llamada “resistencia” al Gobierno impedían amenazantes el paso desde la autopista sin más excepción que las ambulancias, a petición del líder opositor Henrique Capriles.
A poca distancia, en varios puntos y ya en la autopista, contingentes de la Guardia Nacional (GN) esperaban agrupados, listos para actuar si los manifestantes decidían bloquear la principal arteria de Caracas.
A la altura del sector Las Mercedes, sobre la conmoción de las calles llenas de basura y destrozos, el viento agitaba una sábana que tenía escrita en letras negras: “Valdrá la pena”. Otro letrero pintado en una pared llamaba sugestivamente a la protesta: “Tenemos hambre, ¿y tú?”.
En el centro, gobernado por el chavismo, más de la mitad de los comercios tenían las persianas bajadas. Los vehículos circulaban lentamente y los grupos más numerosos en las aceras eran los jubilados que hacían cola para cobrar la pensión en los bancos, quienes fueron avisados repentinamente de su anticipo.
Un panorama parecido se vivía en la avenida San Martín, que ayer se entregó con entusiasmo a la Revolución chavista. Varios vecinos se mostraron en desacuerdo con la huelga.
“De la crisis se sale trabajando”, dijo Hugo Castillo, quien no abrió su empresa de organización de fiestas por las dificultades de sus trabajadores para llegar y en previsión de posibles intimidaciones.
“Estoy cansada de estos ‘trancazos’. Trabajo en el este y ya falté varios días al trabajo. Los jefes amenazan con botarme”, expresó una joven que trabaja en mantenimiento.
Por la misma calle, frente a las tiendas cerradas y entre vendedores ambulantes que sí trabajaron, aprueba la huelga Andreína Álvarez, quien está embarazada y quiere que cambie el Gobierno porque no encuentra vacunas, leche o medicinas.
Cerca, en los sectores residenciales Montalbán y El Paraíso, el gris de las persianas metálicas era el color dominante en todas las cuadras. Ramas, escombros y bolsas de basura servían para cortar cruces cerca de una comisaría de la estatal Policía Nacional Bolivariana.
“Estamos en el final, si en ocho días no llegamos a detener este problema tenemos que, como quien dice, entregarnos, y eso no puede ser. Tenemos que tener ocho días de resistencia fuerte hasta que salgamos de este Gobierno”, dijo un administrador de 58 años de Montalbán, en referencia al 30 de julio.
Ese día debe votarse la Asamblea Nacional Constituyente impulsada por Maduro para cambiar la Constitución y “fortalecer la Revolución”, una iniciativa vista por la oposición y amplios sectores sociales como un intento del chavismo -que gobierna Venezuela desde 1999- de “consolidar la dictadura”.
También en Montalbán, jóvenes enmascarados destrozaban una parada de autobús para reforzar con hierros la barricada que atrancaba una avenida.
Como el administrador, los jóvenes denunciaban que la Policía les había disparado en la mañana perdigones y bombas lacrimógenas, sin conseguir despejar la carretera