Eso será vivir en un bucle temporal, en la trama de la ficción que enreda a los personajes en la cotidianidad repetida que, como un búmeran, regresa lo sufrido y lo vivido, lo aprendido y lo olvidado, al punto de origen. Eso será ser Sergio Ramírez, el punto cero donde el tiempo de un escritor y el de un país se encuentran y se consumen. La orden de captura en su contra, desesperada persecución de Daniel Ortega en Nicaragua, tiene los tintes de un peligro conocido al que ya se ha sobrevivido. Lo de Ramírez parece una cosa ya vivida, repetida y saciada de novedad. Su vida es la tragedia de su país.
“Tengo ya 80 años”, dice acotando lo inevitable, como justificando que tras la revolución sandinista de la que hizo parte junto a Ortega, que triunfó...