El ataque terrorista, que dejó más de 200 muertos y reivindicó Isis-K, tiene en alerta a EE. UU. y a talibanes.
El atentado fue reivindicado por la filial del auto denominado Estado Islámico (EI), EI-Khorasan (EIIL-K), un grupo que podría tener entre 500, 1.500 o hasta 10.000 personas.
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EFE
La fila sigue ahí. Los muertos no se han terminado de contar, rondando ya los 200, y los vivos apenas se alcanzan a cubrir las heridas; alguna esquirla de la bomba sigue seguramente allí donde explotó, sin que el polvo aún la cubra; las banderas extranjeras no han salido de su luto, ondeando a media asta; la zozobra ronda entre las alertas:“el riesgo continúa”, avisan las embajadas. No les importa. Miles de afganos seguían esperando este jueves la oportunidad de subir a los últimos aviones que despegan con destino hacia Occidente.
En las afueras del aeropuerto de Kabul los talibanes hacen rondas balanceando varas de madera, porras con cadenas envueltas en plástico. Ocasionalmente, informan los medios que siguen en la capital de Afganistán, disparan...