Robert Kennedy revivió la euforia aprovechada años atrás por su hermano, durante las primarias demócratas de 1968. Cinco días antes de que terminaran, fue asesinado.
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AP Y GOBIERNO ee. uu.
Estaba en California, el estado en el que se sentían mejor. Además del amor suicida que llegó a profesar la actriz Marilyn Monroe por John Fitzgerald Kennedy (JFK), era el pueblo el que recibía siempre con brazos abiertos el ánimo esperanzador que caracterizó a cualquier integrante de dicha dinastía política. De eso se dio cuenta Robert, montado en un carro descapotable, mientras recorría las calles de San Diego y Los Ángeles entre la algarabía que iba creando.
Era precandidato presidencial de los demócratas y restaba poco para la votación del 4 de junio. Se jugaba el prestigio de haber sido el líder que, recuperado del asesinato de su hermano, ascendió de nuevo en las filas del partido hasta el punto de liderar desde el sistema el movimiento...