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Urabá: la tierra prometida

04 de octubre de 2013
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Dicen que en lengua Katía Urabá significa la tierra prometida. Lo que debería ser: entre Medellín y Turbo deberíamos tener una carretera de doble calzada. Tendría que ser bellísima entre montañas y praderas y llegaríamos en 3 horas
cómodos. Existiría una enorme carrilera con paso de tren de carga y de pasajeros.

El tren llevaría toda la mercancía producida en la capital al igual que los productos agrícolas. Turbo sería el mayor puerto colombiano, el más lindo, práctico por estar al lado del canal de Panamá y productivo. Habría hoteles majestuosos en la región. Sería una zona
franca donde podríamos comprar y vender lo inimaginable. Habría turistas por miles. Usted y yo podríamos viajar en el tren del sábado, comer los mejores mariscos del mundo y regresar en el tren del domingo. Los cementeros o los
textileros tendrían asentamiento. Allí haríamos los certámenes de moda más impresionantes.

Pasarelas como Plaza del Río, serían codiciadas por los diseñadores. Necoclí sería la zona calmada, la de los hoteles boutique, como el hermoso Kaluwala. Comeríamos en 3/4 tienda gourmet una tabla de quesos con un buen vino y nos alojaríamos en Simona del Mar.

Sería un placer viajar entre Santa Fé de Antioquia y Arboletes, un paseo encantador. Además las aerolíneas no podrían cobrar un ojo de la cara por media hora en avión para llevarlo a uno al paraíso. Imagino grandes casinos y diríamos: éste fin
de semana me voy al casino Urabá porque viene el Circo del Sol, Plácido Domingo o Tony Bennett.

Los cocineros más reputados de Colombia tendrían sus mejores restaurantes y ahí sí pensaríamos en el gordo Michelin. Las Mazamorras de Urabá no las tendríamos que comer cada que podamos, si no cada que nos viniera en gana, las banelitas y derivados
del banano estarían en nuestras alacenas todo el año. El mejor pescado y mariscos los comeríamos en Medellín. Los urabaenses sentirían que son paisas y los paisas que también somos costeños y los políticos y empresarios antioqueños
no tendrían que ir a la iglesia del Poblado el domingo a decirle al padre: perdón porque he pecado, me olvidé de Urabá.

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