No ha perdido la ingenuidad. A pesar del progreso vertiginoso de los últimos años, Girardota, que cumplió 175 años, no ha perdido ese espíritu campesino de antaño, ese pedazo de ancestro que todavía le quedará por ese domingo de plaza, es domingo de mercado.
El renovado parque de Girardota está colmado por la mayoría de sus habitantes, que bajaron de sus veredas a disfrutar de un día de celebraciones.
Una de tantas era Dini Aydé Bohorquez. Ella había llegado al lado de sus dos hijos, su mamá y su hermano y estaban cómodamente acomodadas en una de las bancas del parque.
"Me gusta venir mucho a este lugar, porque lo dejaron muy bonito, se convirtió en lo mejor del municipio".
Sin embargo, el cumpleaños es una excelente razón para reflexionar sobre lo que le hace falta al municipio.
La madre de Dini, Rosa Parra, cree que es necesario dos cosas: una vía que comunique a Girardota con la vereda El Palmar, debido a que solo pueden llegar por una trocha, que por el invierno, es un pantano constante.
-La otra es que le pongan baños públicos al parque-.
Filas
Gonzalo Sánchez está sentado en otra de las bancas del parque. Él es de "toda la vida" de Girardota. Es pensionado del Inpec y se pasa el día en el renovado lugar.
En los 175 años reflexiona que Girardota ha perdido un poco la esencia campesina que tenía antes y su vocación turística.
"Antes los buses llegaban llenos de gente y la gente hacía fila para rezarle al Jesús Caído. Los turistas llegaban con mayor frecuencia, se notaba que el pueblo vivía", afirmó.
Sin embargo, considera que es un excelente vividero. "Yo me fui muchas veces por cuestiones de trabajo, pero siempre volví y aquí espero pasar muchos días más".
Promesas
A la misa de doce no le cabía ni un ángel. El párroco pidió un aplauso por el cumpleaños y todos los asistentes rompieron en palmas por Girardota. Después llegaron las oraciones.
Un grupo de familiares salieron en sigilo de la iglesia. Entre ellos iba Margarita Zuluaga y la abuela Guillermina Mejía. Llegaron desde Medellín para pedirle al Señor Caído por la salud de Mariana, una de las nietas de la casa.
Venimos porque creemos en Él -dijo Guillermina-. Hace años que no venía por acá. Ojalá que me ayude con la petición", dijo con fervor.
Para Margarita, a pesar del progreso y de los tiempos modernos, Girardota guarda todavía esa ingenuidad, esa alma de pueblo antioqueño, aunque tenga muestras de evidente desarrollo.
"Me gusta por eso. La gente conserva las tradiciones, como el mercado en la plaza, la misa de doce. Muchas cosas que lo hacen un lugar especial".
Y antes de los eventos especiales que se realizaron en el parque principal, también hubo espacio para lo de siempre. Por ejemplo María Inés Álzate se vino con su cámara digital y bien arregladita para el bautizo de un familiar.
"Me parece que Girardota ha progresado mucho, o si no vea cómo quedó el parque de bonito. Esa es la mejor muestra de lo que está pasando en este municipio", concluyó.
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