Néstor Ortigoza, porque tiene los abuelos paternos; Lucas Barrios, pues su madre nació en la frontera; y Jonathan Santana, quien tiene a todos sus tíos y primos maternos prendados del tereré (bebida tradicional compuesta por agua fría y yerba mate). Ellos son argentinos pero vestirán la camiseta paraguaya en el Mundial de Sudáfrica.
El caso de la Selección albirroja, que a propósito es dirigida por el argentino Gerardo Martino, es un ejemplo de la gran cantidad de jugadores nacionalizados que estarán en la Copa del Mundo del próximo mes.
Desde pequeñas selecciones, como Nueva Zelanda o Argelia, hasta grandes favoritas como Alemania, España o la actual campeona Italia, acudieron a jugadores no nacidos en sus tierras para reforzar puntos ciegos en sus equipos y hacer más competitivos los seleccionados nacionales. Eso sí, sin antes generar polémica.
El caso paraguayo es de los más críticos. En el último año, cuatro jugadores argentinos lograron la nacionalidad guaraní, esperando el llamado del Tata Martino para jugar el Mundial.
De ellos solo tres fueron llamados al equipo de 30 preseleccionados por Martino: Sergio Aquino, quien ya venía jugando hace cuatro años en Paraguay; Néstor Ortigoza, quien juega en Argentinos Juniors y logró su doble documentación a finales de 2009; y Lucas Barrios, goleador del Borussia Dortmund, quien comenzó el proceso sin saberlo.
"Los trámites los adelantó mi mujer en Paraguay, así como mi madre. Yo, en Alemania estuve atento, pero ni lo sabía", declaró Barrios, quien nunca ha jugado en el país que ahora lo acoge como integrante de su Selección.
Ellos se unieron a Jonathan Santana, otro argentino que lleva jugando desde 2007 con el equipo. Uno de los que se quedó por fuera fue Jonathan Fabbro, el jugador que erró el penalti con Once Caldas en la Copa Intercontinental, y quien pese a adelantar los procesos de nacionalización, no quedó en la lista de 30 seleccionados.
Algo endémico
No son solo las selecciones chicas las que acuden a figuras de otros países para completar su plantel. Desde las más poderosas, como las campeonas Alemania, Italia, Argentina y Francia, hasta las grandes favoritas España y Portugal, tienen a jugadores con cuna en otra nación.
Los alemanes, aquellos que tuvieron a un líder que promulgó la raza aria para su tierra, tiene a cuatro jugadores nacionalizados en su plantel: tres polacos (Piotr Trochowski, Lukas Podolski y Miroslav Klose) y un brasileño (Cacau).
Otras europeas poderosas, como España (con el brasileño Marcos Senna), Italia (el argentino Mauro Germán Camoranesi) y Francia y sus colonias (el senegalés Patrick Evra y el guyanés Florent Malouda), también entran en la moda del naturalizado.
Los latinos también tienen su parte. Desde Argentina hasta Estados Unidos cuentan sus "lunares".
Por ejemplo, Gonzalo Higuaín, el goleador del Real Madrid, es ciudadano francés, pues nació en Brest, cuando su padre, Jorge, jugaba en el balompié galo. Tras un escándalo, en el que se dijo que estaba en dudas sobre cuál selección elegir, no fue convocado por Alfio Basile, y solo llegó a la albiceleste con Diego Maradona.
Por su parte, en México fue todo un escándalo. Las primeras naturalizaciones crearon un cisma entre sectores del fútbol y de la prensa, pues jugadores que nunca habían tocado su tierra, como Nery Castillo, estaban siendo llamados. En la actualidad, solo el argentino Guillermo Franco, quien jugó cinco años en Monterrey, está en la lista de 30.
"El tiempo del escándalo ya pasó y se ve como algo habitual. Es más, creó más conmoción que no fuera llamado el brasileño Zinha, que es un buen jugador, más allá de ser nacionalizado", dice el periodista Juan Manuel Vázquez, del diario La Jornada de México. Y es que los nacionalizados se volvieron pan diario en las selecciones mundialistas.
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