El país conoció esta semana el programa Educación de calidad, el camino para la prosperidad , nombre que recibe el plan de Gobierno de Juan Manuel Santos para la educación. Una tarea que encabezan la ministra de la cartera, María Fernanda Campo y su equipo de trabajo.
El proyecto se propone trabajar en cinco grandes frentes: Atención a la primera infancia, mejoramiento de la calidad, aumento de cupos y disminución de la deserción, innovación y pertinencia, y gestión escolar. La ministra Campo, el viceministro Mauricio Perfetti y su equipo de colaboradores tienen por delante un reto enorme: sostener el resultado y mejorar los indicadores de calidad que dejaron el Presidente Uribe y su ministra Cecilia María Vélez White.
El Gobierno reconoce como logros de los últimos años, el aumento en la cobertura con 1,3 millones de nuevos estudiantes; el mejoramiento de la infraestructura y la consolidación del sistema nacional de evaluación con el Icfes y el incremento de la conectividad para tener un computador por cada 21 estudiantes.
No obstante, según el diagnóstico oficial, subsisten brechas en temas como calidad, acceso al sistema y permanencia, desigualdades regionales, analfabetismo, baja cobertura en primera infancia y falta de cobertura y pertinencia de la educación superior.
El énfasis del nuevo programa será la educación de calidad, entendida como aquella que forma mejores seres humanos, ciudadanos con valores éticos, respetuosos de lo público, que cumplen con sus deberes y viven en paz. Una educación que genera oportunidades legítimas de participación y progreso para niños y jóvenes, y para el país.
Conviene, entonces, dadas las metas ambiciosas, llamar la atención sobre algunos aspectos: aumentar la cobertura a 47 por ciento en el ciclo terciario y elevar la calidad de un sistema aún en consolidación no será fácil en apenas tres años y medio. Tampoco la cobertura anunciada para la educación básica, dado que la mayoría de quienes faltan por ingresar son remisos por voluntad u obligación o residen en zonas poco pobladas de muy difícil acceso.
Hay que idear con prontitud estrategias efectivas e innovadoras para hacer más atractiva la escuela para estos niños, muchos de ellos campesinos, que no encuentran tanto aliciente en las aulas por una enseñanza descontextualizada o poco afín al entorno social en que se mueven. Estrategias como alimentación para todos, transporte, útiles y la seguridad de que, al terminar la primaria y la secundaria, la educación media les permitirá continuar una carrera o salir a defenderse en el mundo laboral.
No se debe descuidar la infraestructura, pues los ambientes de aprendizaje, lo ha demostrado Medellín, son importantes para avanzar en calidad. Ante el atraso existente, pese al impulso dado en la pasada administración, es necesario sumar recursos de sectores como el privado, y comprometer más a los alcaldes a invertir en mejoramiento de sedes y su dotación.
El programa del Gobierno es ambicioso y serio, pero requerirá de acciones complementarias y atrevidas para que sea realidad y así asegure el futuro de millones de colombianos educados y, por ende, el desarrollo nacional.
En particular, lo referente a la formación de los docentes, para que sean verdaderos maestros, formadores para la vida, y no solo trasmisores de contenidos y fórmulas, o informadores, como ocurre en muchos casos, en detrimento de sus alumnos.
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