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SOBRE FOROS

  • SOBRE FOROS
11 de abril de 2014
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Estación Eco, en la que se escucha lo que antes se ha dicho. Y no está mal que esto suceda, pues la memoria que tenemos es un efecto de la repetición. De tanto ver u oír algo, no se nos olvida el hecho. Una amiga arquitecta y urbanista me decía que a los gobernantes y directores de instituciones hay que estarles repitiendo la idea y su aplicación. Y, sonriendo, acotaba: son como los niños y las mascotas, a los que uno acaba queriendo cuando se comportan bien. Y con los que se maravilla cuando hacen las cosas como es debido. Así que el eco (nombre de una ninfa de los bosques), no está mal: reitera, trae a la memoria, indica de nuevo el camino y, en cierta manera, es un fenómeno de sonido que se presenta cuando las condiciones ambientales están en forma. Valga entonces el Foro (lugar creado por los romanos para discutir la ciudad; fue famoso el de Trajano) para reaprender, reflexionar y hacer. Es hora de saber escuchar.

Los griegos, en el siglo de Pericles (V, antes de esta era), legitimaron el Ágora (su Foro) cuando crearon el mejor momento de Atenas: arte, filosofía, teatro, grandes construcciones, diálogos productivos, frisos en los que se elogiaba a los dioses, las formas de gobierno y el comportamiento de los ciudadanos. Y en esa Ágora, Aristóteles compendió 58 constituciones de ciudades diversas para obtener una que fuera perfecta. El compendio y el análisis, lo llamaron sus alumnos Política, que traduce el gobierno de la ciudad, su administración institucional productiva y sus logros en la educación de los ciudadanos. Un Foro, entonces, es recuperar la oportunidad perdida. Eso.

Elías Canetti, en su libro Cincuenta caracteres, habla del testigo oidor. Este personaje oye, compara, entiende o se frustra si lo que le dicen carece de sentido. Incluso se ofusca (y con razón), si lo que se dice no es, pues las palabras, al ser pronunciadas, ya son cosas, plantean límites y lugares. Y esas palabras convocan, comprometen, contienen en su interior todas las posibilidades (como se explica bien en el diálogo el Cratilo de Platón). Desde los inicios de la Humanidad, las palabras han creado el mundo, no solo nombrándolo sino, a partir de la definición, haciéndolo viable y sostenible. Y bello, porque la palabra buena (la que contiene un hecho razonable) ordena, crea sistemas posibles y evita el caos. La belleza es la esencia de la inteligencia (intus-legere, leer al interior). Y esto es lo que busca el testigo oidor, que oye y piensa.

Acotación: el sábado pasado, en la noche, oí una algarabía que provenía de un apartamento vecino. Celebraban haber estado o pertenecer al Foro. El ruido se desbordaba cuando hablaban en español (incluyendo carcajadas) y disminuía mucho cuando conversaban en inglés. Pensamos cosas, oyendo.

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