Los "milagros de crecimiento" de las últimas décadas se fundamentaron esencialmente en procesos de industrialización rápida, a su vez asociados a diversas combinaciones de "capitalismo de Estado", con esquemas de difusión tecnológica.
Se denomina "milagros" a episodios en los que el logro de tasas excepcionales de crecimiento del PIB, por largos períodos de tiempo, permitió grandes saltos en el desarrollo en algunos países, especialmente en el Este Asiático.
Entre los factores que los posibilitaron se cuentan los estímulos a selectos sectores nacientes, a los que se apuesta como impulsores del desarrollo; subvaluación de la moneda local, para adecuar los precios relativos en la economía global; estímulos a la inversión extranjera, que aportan el capital necesario para el desarrollo; políticas de movilidad laboral, que permiten el desplazamiento de grandes cantidades de mano de obra desde sectores tradicionales de baja productividad, a los sectores impulsores del desarrollo; y prácticas (a menudo laxas) de adquisición de tecnologías, que permitieron acrecentar la capacidad tecnológica en las economías de destino.
Las condiciones para este tipo de políticas parecen haber cambiado. Sin embargo, en los últimos años, los avances tecnológicos hacen que la industria sea menos intensiva en mano de obra, limitando así sus impactos sobre el empleo; la aguda competencia con las naciones recién industrializadas, por su parte, hace más complejo y difícil el camino de la industrialización; y la actitud hacia subsidios y manejos de la tasa de cambio es menos tolerante hoy que hace algunos años, en parte, por la crisis del mundo desarrollado.
Ello plantea complejos retos a las economías emergentes: parece difícil sustentar enteramente su "salto al desarrollo" en procesos de industrialización rápida. Se requiere ahora otra fuente de impulso, que permita dar el salto: el desarrollo del sector de servicios, que puede, y debe incluso, liderar (como es el caso de la India), o complementar, el dinamismo generado en la industrialización.
Cabe anotar que, incluso en economías recién industrializadas (como Corea del Sur), se habla de la necesidad de un sector de servicios bien desarrollado, que cree nuevos empleos de remuneración elevada, para sostener el impulso del crecimiento.
El desarrollo de un sector de servicios altamente competitivo, puede desencadenar procesos virtuosos de crecimiento, que eleven el nivel de actividad económica de forma sostenida: una parte importante de las nuevas necesidades de los consumidores, es suplida a través de servicios de variada complejidad: servicios tecnológicos, pero también servicios de transporte, personales, restaurantes, diversión, etc.
En muchos casos, esos servicios son prestados, a su vez, por mano de obra calificada, que resulta de procesos previos de acumulación de capital humano y desarrollo de economías del conocimiento.
Y los ingresos de esa mano de obra pueden a su vez retroalimentar la demanda, con nuevos requerimientos de servicios especializados de complejidad tecnológica.
Así pues, el desarrollo en los países emergentes debe incorporar ahora una doble apuesta: la apuesta por la industrialización, pilar tradicional del salto del desarrollo; y la apuesta por el desarrollo y consolidación de un sector moderno de servicios, apoyado en la acumulación de capital humano y en una institucionalidad sólida que proteja tanto derechos de propiedad económicos como derechos intelectuales.
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