Para superar obstáculos, pues sí, que Óscar Sánchez levante la mano.
Cuatro años atrás, siendo líder de la Vuelta a Guatemala, tuvo que afrontar un retiro y hacer la mayoría de la competencia en el carro acompañante, soportando una fractura.
Hace tres años eran pocos los que pensaban que seguiría con su carrera como ciclista, después de haber sido campeón de la Vuelta de la Juventud.
El año pasado, cuando moría diciembre, a falta de tres kilómetros de la meta final y vestido de amarillo en la Vuelta a Costa Rica, por poco no cruza la llegada debido a una fractura de clavícula y estuvo a punto de no ser reconocido como campeón de la ronda tica.
"Lo trajimos al equipo GW-Shimano con la total convicción de que lo podríamos recuperar como ciclista. Dos años tardó el proceso y ahora los resultados muestran a Óscar Eduardo como la carta del elenco", cuenta con una sonrisa de oreja a oreja Luz Adriana Rodríguez, gerente del equipo que acaba de hacer mesa plena en la ronda en carreteras chapines.
Ese 1-2-3 de los vestidos de rojo, negro y blanco, encabezados por Sánchez, tuvo su dilema, porque el manizaleño de 27 años quería respetar el liderato que había obtenido el barranqueño Jonathan Millán.
"Yo no quería quitarle la camiseta amarilla a mi compañero, pero tuve que saltar a la marca de un pedalista ecuatoriano".
De esa forma, con triunfo de etapa de por medio, el caldense se vistió con la camiseta sol, para llevarla hasta el final y poder celebrar junto con su equipo en todo lo alto del podio de lo que fue una fiesta colombiana, porque el GW ganó el título individual, por equipos y la montaña.
"En el podio me acordé de lo que sucedió en Costa Rica, cuando con una clavícula fracturada fui al podio a celebrar con los compañeros el sufrido cetro de la Vuelta de ese país", recordaba ayer en su llegada a Antioquia, la tierra que lo vio reivindicarse en todos los campos de la vida.
Y Óscar sí que está agradecido, porque durante ocho meses recibió afecto y comprensión en casa de los Restrepo-Mazo en el municipio de Sabaneta. Igualmente con el técnico Luis Alfonso Cely, quien siempre le dijo: "paciencia, hay que tener mucha paciencia", hasta que cogió el paso, la forma y las piernas, esas que algunos creyeron que se habían perdido durante dos años. Pero Óscar Eduardo Sánchez volvió para ganar.
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