La ausencia permanente del Presidente Hugo Chávez de los escenarios continentales plantea un panorama político en el que quien pudiera salir favorecida es China.
Un reciente trabajo publicado por R. Evan Ellis, profesor en el Centro de Estudios de Defensa Hemisféricos de Washington, así lo asegura, al sostener que la ausencia de este liderazgo en la región latinoamericana transformaría al Alba en una institución más pragmática con el presidente de Ecuador transformado en el líder emergente regional.
En efecto, Rafael Correa alimenta los mismos sentimientos antiimperialistas de Hugo Chávez al tiempo que exhibe una marcada simpatía por la forma de "capitalismo de Estado" que practica la potencia asiática.
Hay razones para pensar que al faltar el aliento económico venezolano que ha servido para energizar instituciones de izquierda como Alba, los miembros de esta organización pueden voltear su mirada hacia China y tratar de obtener allí los recursos económicos indispensables para continuar con la gesta socialista que ha sido el eje de esta asociación de países. Alba reúne a Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Cuba, Surinam, además de Antigua, Dominica y San Vincent.
Es evidente que China usaría la ausencia del líder de Caracas para apuntalar su influencia económica en América Latina -la que se alimenta de comercio, inversiones y préstamos hasta el presente- con una presencia más determinante en el campo de lo político a través de un buen aliado, el Ecuador. No se trata de que Hugo Chávez no ha sido un buen aliado. Es que en China el pragmatismo es asunto de todos los días: a falta de pan… buenas son tortas.
Correa tendría la fenomenal e inesperada ocasión de rescatar a una institución que no se ha ido a pique, porque Hugo Chávez se encargó, desde su nacimiento, de dotarla de fondos y de una apasionada razón de ser.
No es un secreto que lo que distancia a China del líder venezolano enfermo es la incapacidad de su equipo tropical de manejar eficientemente los cuantiosos y estratégicos proyectos acometidos a dúo entre China y Venezuela. Hablamos de proyectos que, acumulados, superan los 40.000 millones de dólares.
Rafael Correa, egresado de la escuela de negocios de Harvard, habla un lenguaje más cercano a la ideología aperturista china y se desempeña de manera más equilibrada en el manejo de su propia circunstancia nacional. No es defensor inveterado del "bolivarianismo", un concepto incomprensible para los asiáticos; se educó en Harvard; es un devoto católico y puede exhibir ejecutorias tangibles en el terreno de la extracción de ciudadanos ecuatorianos de la pobreza que ha atravesado su país.
Además en cuanto al destino de los recursos que le ha facilitado China al Ecuador -8.000 millones de dólares- los mismos han sido usados eficiente y racionalmente con resultados predecibles y, además, positivos.
Correa, con el soporte de China, puede convertirse en el líder que llene el vacío que Chávez dejaría con su ausencia de la arena continental. El Alba adquiriría peso específico en la región y un puesto preferido en la relación transpacífica.
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