Venancio es un vecino pensionado y bien informado. Con frecuencia me lo encuentro en el ascensor y rápidamente me comenta lo que le inquieta. La última vez me dejó entre triste y preocupado. Me contó, con argumentos sólidos que Colombia va a perder a San Andrés y Providencia. Los hechos son claros. El gobierno Santos descuidó por completo las islas, en contraste con Uribe que se les dedicó y las rescató. Por otra parte, se está llenando de venezolanos, no propiamente turistas sino con una misión clara que empieza a dar fruto: manejar el malestar y promover un plebiscito para la separación de Colombia. El paso siguiente es entregar las islas a Nicaragua, otro nuevo buen amigo de nuestro Presidente. Remember Panamá.
En otra ocasión me comentó Venancio que leyó el libro de Enrique Gómez Hurtado sobre el asesinato de su hermano Álvaro y que blanco es, frito se come y no es un elefante. Me recordó además el episodio de una avioneta en Montería que fue pillada con millones de dólares procedente de Cali para la Costa Atlántica, en manos de un señor muy conocido, para apoyar el alimento del elefante.
Y en otra rápida conversada de ascensor coincidimos en opinar que la administración del alcalde Salazar fue muy buena para la ciudad y que hay que destacar el programa de Buen Comienzo que atiende a la infancia y a la familia. Igualmente, la belleza de los colegios y los jardines infantiles en los barrios populares y un etcétera muy grande.
Venancio también cree que a Antioquia le están mamando gallo en Bogotá. Que las obras nacionales están estancadas y a punto de perderse. Un ejemplo es la doble calzada de Caldas que para disimular echan dos paladas y dicen que la están atendiendo. Y lo grave es que los paisas nos estamos dejando meter el dedo en la boca.
Para Venancio, que fue un educador toda la vida, el Ministerio de Educación no hace nada, más bien entorpece la llegada de las instituciones de educación superior a los pueblos. Sus políticas impiden que los programas pertinentes lleguen a los municipios y más bien obliga a los estudiantes a viajar a las grandes ciudades a estudiar. Se puede, si dejan.
Venancio ve mucha televisión y no se cansa de exaltar los canales antioqueños: Teleantioquia y Telemedellín son lo mejor, Une resucitó de entre los muertos y ahora se deja ver, Televida es un maravilloso milagro. Eso sí, Venancio despotrica de los noticieros de las dos cadenas nacionales que son pura sangre y nos meten a Bogotá a la fuerza, como si fueran locales. Nacionales de cubrimiento, bogotanos de contenidos.
Venancio ha viajado por el mundo entero y resalta que países desarrollados como Canadá, Alemania, Suiza, Estados Unidos e Italia están llenos de túneles y autopistas sin dañar la naturaleza y que aquí no tenemos vías y si las van a hacer dizque dañan el medio ambiente. El subdesarrollo es mental, dice Venancio, y le sobra razón y le cuelga.
La viajadera en ascensor se convirtió en una agradable y sustanciosa tertulia de dos minutos. Hay otros tres mil temas que Venancio ha comentado en el ascensor y que se quedan para después.
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