Todo mundo es feliz criticando las imprudencias de los motociclistas, pero ¿quién se detiene a analizar las imprudencias de los peatones?
Muchos ni saben que estos últimos son los que más víctimas mortales ponen en los consolidados anuales de la accidentalidad.
Hasta el pasado 2 de octubre, habían muerto en Medellín 92 peatones, 12 de ellos en agosto y 12 en septiembre. Representan el 50 por ciento de las víctimas fatales.
Como los números son fríos, fuimos a las escenas calientes, las que los muestran en las vías haciendo maromas para cruzar.
Estuvimos en un sitio clave: la avenida del Ferrocarril, por la Plaza Minorista, y uno se queda estupefacto.
Teniendo un cómodo y amplio puente para pasar, los peatones atraviesan la vía cargados con bultos o con niños. El puente, arriba, ni lo miran, les sirve de sombra.
"Si el puente lo hicieron es para usarlo, en él se invirtió mucha plata y nos da seguridad", comentó Alejandro Jiménez, quien ayer caminaba del brazo con su niña y su esposa por la infraestructura.
Abajo, por la avenida, sus similares competían con buses, taxis, colectivos, particulares, motos, carretillas cargadas con verduras y frutas y hasta con otros peatones, para cruzar al otro lado.
Una indisciplina total que, en parte, explica por qué tanta accidentalidad y por qué los que van a pie ponen una cuota tan alta de muertos.
El cruce piramidal
Pero lo peor no ocurre allí. Unas cuadras más arriba, junto al puente de Villanueva, las escenas son similares o más riesgosas, porque la vía es más veloz, de oriente a occidente se llega al deprimido de la Oriental y buses, taxis y motos bajan raudos.
Se ve a dos señores de avanzada edad, póngales 50 y 60 años, cruzar a pie la peligrosa avenida sin mirar siquiera que el puente al lado invita a pasar con más seguridad.
La escena se repite decenas de veces en sólo 15 minutos. Más adelante, en las pirámides, todavía se ven osados que se arriesgan a cruzar por ellas y no por las cebras y las esquinas semaforizadas.
Muchos tienen éxito, pero haciendo esta maniobra ya han caído otros.
"Es mejor esperar un minuto o dos que jugarse la vida", dice Ramón Gómez, un señor que paciente esperó el cambio del semáforo para cruzar tranquilo y sin afanes.
En la Semana de la Movilidad, el peatón también está invitado a cambiar sus conductas. Es en serio.
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