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OPORTUNIDAD PARA CARTAGENA

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15 de julio de 2013
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Inseguridad, pobreza extrema, falta de infraestructura y desigualdad abismal son los problemas que, a primera vista, agobian en la ciudad Heroica. Esos son los visibles para cualquier turista nacional o extranjero.

Pero una mirada más detallada revela que, fuera de esos males, temas como el Transcaribe, el mercado de Bazurto, la contaminación de la ciudad, la implementación del Plan Maestro de Drenajes Pluviales y el desorden y poca claridad en las finanzas del Distrito, son situaciones que pronostican un futuro demasiado complejo para Cartagena.

Irónico: la joya turística del país, es una bomba de tiempo social. En ella conviven las expresiones más gráficas del lujo y las fortunas de Colombia y de otras partes del mundo, en la misma esquina en que la miseria y pobreza de los locales pide dinero estirando la mano.

Por un lado la ciudad es un polo de atracción para turistas e inversionistas, tanto en la ciudad amurallada como las áreas de desarrollo hotelero y residencial, lo cual ha generado un auge de compras, construcción y consumo respectivo de economías altamente desarrolladas.

Mientras al lado, en barrios de invasión, viven medio millón de personas en pobreza extrema, con irregulares servicios públicos, en calles destapadas que se inundan en la temporada de lluvias, y sin ninguna oferta educativa o laboral.

Lamentable.

Y aunque las administraciones pasadas han hecho mucho para combatir esos males, poco se ha conseguido en resultados. El problema más grande: la indolencia que se apoderó de las calles de la ciudad y de los pasillos de las entidades gubernamentales.

La masiva cantidad de niños pidiendo dinero protegidos únicamente por su ropa interior, es una imagen tan común y corriente, que ya a casi nadie impacta ni le genera incomodidad.

Una lástima.

La mayoría de los cartageneros que podrían trabajar para cambiar esto, sólo protestan en los almuerzos sociales. Y eso se demostró en la abstención de esta elección, que, según los registros, alcanzó el 70 por ciento, una cifra que combina la apatía tradicional de los locales, con la falta de planeación característica de una votación atípica.

La ciudadanía y las administraciones de la Heroica, hasta ahora, se han quedado cortas, muy cortas para ofrecer soluciones a corto y largo plazo para este y otros problemas sociales.

Esto, porque la clase política ha estado penetrada por la corrupción que ha secuestrado a las administraciones llevándolas a la total inoperancia.

La situación social, política y administrativa de Cartagena es lamentable. Y por eso hay que esperar que la energía y experiencia del nuevo alcalde sea una nueva oportunidad para cambiar esa realidad.

En su programa de gobierno, Dionisio Vélez Trujillo planteó una visión a corto plazo para Cartagena, como una ciudad educada, incluyente y equitativa. Igualmente, se comprometió a combatir la inseguridad, para garantizar la movilidad y para superar la pobreza de gran parte de la población.

Cumplir estas metas exige de su dedicación a una gestión honesta y eficiente, pero también de la colaboración de todos los sectores, en especial de la ciudadanía y el empresariado local.

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