Por acostumbrados que estemos a las permanentes demostraciones de desfachatez y de sinvergüencería de los "honorables padres de la patria", que han hecho que el Congreso Nacional sea la institución más desprestigiada del país, hay que seguir reseñando todas y cada una de sus infamias, a ver si algún día, por fin, los colombianos tomamos conciencia de la inmensa responsabilidad que tenemos cuando, por acción, por omisión o por un tamal y una teja, elegimos esos individuos para que nos representen.
Ver el video del debate de control político en plenaria de la Cámara de Representantes, sobre los recientes hechos de violencia que se han presentado relacionados con el fútbol y cometidos por hinchas de barras bravas, es, por decir lo menos, irritante.
Que el inspector de la Policía Nacional general Yesid Vásquez, invitado como expositor por el presidente de la corporación Hernán Penagos, tuviera que hacer su ponencia ante cuatro gatos que asistieron, no fue lo más grave. Bochornoso el comportamiento que mostraron y que lleva a concluir que, prácticamente, ninguno puso cuidado a la importante intervención del General.
Hicieron lo mismo que hacen cuando no se está dando trámite a algo que directa o indirectamente favorezca sus intereses personales: entrar y salir constantemente; formar corrillos de animadas y risueñas charlas; darle la espalda al expositor; hablar por teléfono, "chatear" o jugar solitarios; asumir postura de concentración para, entre bostezo y bostezo, hacer una pequeña siesta, etc.
Como dije en otra ocasión, ni en un salón de clase de una correccional hay tanta indisciplina e irreverencia como la que allí se ve.
Aunque algunos congresistas, ante la andanada de críticas suscitadas, han querido justificar su comportamiento diciendo que no era un debate, sino "unas ponencias que no despertaron interés en la sala y eso motivó el ausentismo y las distracciones", o que "conversar con alguien un ratico no quiere decir que no se estuviera prestando atención", deben tener claro, de una buena vez, que su proceder es inadmisible desde todo punto de vista. O ¿acaso hay algún trabajo, donde el ausentismo y la falta de atención son aceptados cuando la labor encomendada no consigue despertar el suficiente interés del empleado?
Repudiable además, que ahora que se vienen denunciando las graves faltas de respeto para con la Policía Nacional, sean nuestros "honorables representantes", quienes le sumen otra falta más.
Sin embargo, lo anterior es nada comparado con la operación tortuga, o mejor dicho, con el vulgar chantaje que ejercieron como mecanismo de presión para forzar al Gobierno a encontrar la manera de devolverles el dinero que perdieron cuando el Consejo de Estado, en buena hora, declaró la nulidad de algunos artículos de la Ley 4 de 1992, que les reconocía las absurdas y onerosas primas de localización, salud y vivienda.
Enredar el estrecho tiempo de la legislatura, dilatando proyectos de ley de la talla de la reforma estatutaria para habilitar el referendo del proceso de paz, el mismo día de la elección de presidente o, la reforma al moribundo sistema nacional de Salud o bien, la ley que busca endurecer las penas para los conductores que borrachos causen daño o muerte a otros, con el único propósito de conseguir más dinero para sus ya afrentosos salarios, no tiene calificativo.
Con sobrada razón los únicos que los superan en mala imagen son los terroristas de las Farc.
Ya sabemos que, infortunadamente, el voto en blanco aquí sí elige, entonces, en marzo ¡Ojo con el voto….
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