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Norcorea: fronteras que arden

EUNA LEE, CONDENADA a 12 años de trabajos forzados en Norcorea, narra su historia. Tercera entrega de la serie Fronteras Peligrosas.

04 de septiembre de 2010
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El 17 de marzo de 2009 comenzó una pesadilla para la periodista surcoreana - estadounidense Euna Lee. Estaba en la frontera entre China y Corea del Norte, en desarrollo de un documental sobre el tráfico de mujeres refugiadas norcoreanas, y la acompañaba su colega china - estadounidense Laura Ling. De repente fueron capturadas por las fuerzas de Pyongyang y condenadas a 12 años de trabajo forzado. Euna le narró su experiencia, que asegura le cambió su vida, a EL COLOMBIANO.

Euna corría, de reojo miraba a los soldados que se acercaban, pero sus botas se resbalaban en el hielo y no podía avanzar. Sabía a lo que se enfrentaba, su infancia en Corea del Sur la tenía fresca y siempre tuvo presente el peligro que significa el régimen norcoreano.

"Estaba aterrorizada, tenía miedo de que me capturaran, pero más de que me dispararan". Así comenzaron más de cinco meses bajo el régimen de Kim Jong il.

Fue capturada y luego, sentada ante un juez, esperaba lo peor. Incluso, cuando la palabra "traidoras" salió de la boca del justiciero, Euna pensó en la muerte. Ella, mejor que nadie, sabe que la "traición" puede ser castigada con la pena de muerte en ese país. "Él (juez) me dijo que yo había arruinado la reputación de personas con mi misma sangre", cuenta. No fue la muerte, pero sí una condena dura y dictatorial: 12 años de trabajos forzosos.

Sus días eran como meses y el aislamiento la aporreaba cada vez más. "Lo más difícil era saber que mi futuro era desconocido", narra Lee, hoy con 37 años.

Su gran compañía eran las fotos de su esposo, Michael Saldate, y de su pequeña Hana, hoy con cinco años. Se abrazaba a ellos y así pasaba sus días, pero a la vez se desesperada por no tenerlos cerca.

La hermana de Laura, Lisa, también periodista, se enteró de lo sucedido y comenzó una campaña por la liberación. Las redes sociales multiplicaron esa voz, hasta que, el martes 4 de agosto de 2009, el ex presidente de E.U., Bill Clinton, arribó de sorpresa a Pyongyang con un solo objetivo: lograr el indulto de las comunicadoras.

Y así fue. El avión de Clinton regresó a territorio estadounidense con las dos, a salvo. Hoy, Euna tiene una prioridad: su familia.

El 25 de septiembre, su libro The world is bigger now (El mundo es más grande ahora) comenzará a circular con su historia, que narra el antes y el después de esta experiencia, y que incluye el documental en el que trabajaba.

Esta es una de tantas historias que salen de las entrañas de Norcorea, un país como traído de otro siglo, que representa el comunismo que cayó con la Guerra Fría, pero que se rehusa a que sus ciudadanos conozcan el mundo.

China es una de las salidas que tienen los desertores. La otra es Corea del Sur, el paralelo 38, un lugar lleno de tensión, incluso turístico, donde no hay sonrisas por aquello de que la guerra oficialmente nunca se acabó. Cualquier hecho, como el ataque norcoreano a un barco del sur en marzo, genera amenazas de guerra.

Según John Park, del Instituto de Paz de E.U., 20.000 desertores viven en Seúl, y la frontera, si bien tiene una zona desmilitarizada, cuenta con más de un millón de minas antipersonal que hacen que este lugar, hoy más que nunca, sea infranqueable.

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