En el libro " El Pequeño Secreto ", del padre Eliécer Sálesman, aconsejan repetir una jaculatoria, varias veces al día, con fe y con amor, para acercarnos más a Dios, corrigiendo nuestros errores y así poder vivir en paz.
Podemos escoger la que queramos. San Francisco de Asís repetía muchas veces entre otras: S eñor que yo te conozca a ti y que me conozca a mi.
Dos virtudes necesarísimas; pues a medida que vamos conociendo a Dios, nos vamos conociendo a nosotros mismos. Esto es muy importante para que podamos mirar el tronco en nuestro ojo y no mirar la paja en el ojo ajeno.
Cuántas veces criticamos a otra persona y no nos damos cuenta de que nosotros actuamos igual o peor.
Debemos pedirle al Señor la humildad suficiente para reconocer nuestra falta. A veces somos ciegos en este aspecto. (Mt.7,1-12).
Por lo tanto, debemos evaluarnos nosotros mismos, antes de echarle la culpa de algo a otra persona.
Para lograr esto, debemos intensificar la oración, sobre todo la Santa Misa; ojalá todos los días.
¿Qué mejor regalo y fuerza espiritual que recibir a Dios vivo dentro de nosotros mismos, si estamos en gracia de Dios?
Lo mismo la devoción al Rosario, que nos ahuyenta de tantos males. Que no nos falte tampoco la lectura de la Biblia, para conocer más a Dios.
Antes de hacerlo, debemos pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a entender su palabra, para ponerla en práctica.
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