Cuba dijo adiós a Esther Borja este sábado 28 de diciembre, una de las grandes damas de la canción de la isla y a la que hace menos de un mes dedicaba un sentido homenaje a su trayectoria profesional con motivo de su cumpleaños número cien.
La Habana, la ciudad en la que murió, vio nacer a Esther Borja el 5 de diciembre de 1913. Estudió magisterio, música y piano, y se graduó en 1932 en la Escuela de Música del Centro Gallego de La Habana a los 19 años.
En 1935 conoció a la compositora y pianista Ernestina Lecuona, con quien presentó su primer recital. Pero su debut profesional lo realizó acompañada al piano por el hermano de esta, Ernesto Lecuona, quien compuso especialmente para ella el vals Damisela Encantadora.
Los especialistas afirmaban que era una cantante de hermosa voz, cálido timbre, excelente impostación y gran flexibilidad y extensión vocal. De regreso en Cuba, trabajó en los teatros Principal de la Comedia y Martí, y cuando volvió a visitar Argentina interpretó con gran éxito las zarzuelas El Cafetal, Lola Cruz, Las Leandras, Rosa la China, María la O y las operetas La condesa Maritza, La danza de la libélulas y La Bayadera.
En 1943, Sigmund Rombers, compositor de operetas, la contrató para varias giras por Estados Unidos, donde actuó en 48 estados y en el Carnegie Hall de Nueva York. A partir de 1948 inicia sus actuaciones radiales en la emisora CMQ de La Habana, y en la televisión cubana mantuvo el programa musical Álbum de Cuba desde 1961 hasta 1986, dos años después de su retiro oficial.
En 1984 se retiró de su actividad como cantante y obtuvo, entre otros reconocimientos, la orden Félix Varela, el Premio Nacional de Música, la medalla Alejo Carpentier y el premio del Gran Teatro de La Habana.
El mundo de la cultura de su país le rindió un gran homenaje el pasado 5 de diciembre, el mismo día en que la artista cumplía 100 años, en el Teatro Mella de La Habana, donde el Ballet Nacional de Cuba estrenó la obra A la luz de tus canciones, con coreografía de Alicia Alonso.