Cada uno tiene que saber para qué sirve y para qué no. Esa es una premisa muy simple, pero parece que algunos dirigentes no la quieren aceptar, sólo para tener en su haber algún cargo de importancia o una responsabilidad que al final siempre va a salirle mal.
La mejor prueba de esto, llevada a la realidad muy actual, es el poco tino que acompaña al ministro del Interior Fernando Carrillo, en su tarea más importante: la articulación con el Congreso de la República. Carrillo no ha acertado con nada de lo que le encomendaron hacer, no tiene tacto para relacionarse con los legisladores, no acompaña los proyectos del Gobierno y no acierta en sus declaraciones ante los medios de comunicación.
La hoja de vida del Ministro es brillante: fue elegido constituyente por voto popular, ministro de Justicia, funcionario de organismos internacionales y es un destacado docente y escritor de varias publicaciones sobre las materias que domina. Pero carece de olfato para el entramado político que supone una de las tareas más importantes de un gobierno, que es mover la agenda legislativa.
Los presidentes de Senado y Cámara han tenido roces permanentes con Carrillo, los congresistas que discuten temas álgidos propuestos por el Gobierno han manifestado sentirse sin acompañamiento y peor aún: los compañeros de gabinete del Ministro han tenido que asumir un papel que no les corresponde.
Para confirmar lo anterior bastaba ver hace pocos días a Juan Carlos Pinzón, ministro de Defensa, atento en las comisiones a reformas tan importantes como la de la salud, mientras que Carrillo brillaba por su ausencia.
Un ministro del Interior para ser efectivo debe tener el respeto del Congreso, que lo sientan como un líder que tiene la vocería del Gobierno, con claridad que los martes y miércoles cuando sesionan ambas plenarias, su lugar está allá, explicando al detalle cada proyecto, defendiéndolo en los medios de comunicación y alentando el debate y luego el voto.
Ahora, cuando se habla de una recomposición del gabinete que ya empezó con la salida de los ministros de Vivienda y Agricultura, el mismo ministro del Interior debería dar un paso al lado, alegando cansancio o cumplimiento de un ciclo, y dejar así en libertad al Presidente para nombrar un escudero que termine el año de mandato con buenas notas y no con los tropiezos para aprobar a última hora y a los trancazos las leyes por las que nos regimos.
P.S.: El presidente de la Cámara de Representantes, Augusto Posada, se acaba de anotar un gol: sacó adelante una ley para prohibir animales en los circos. Es un paso más en la dignificación de los animales en nuestro país, que habla bien de Colombia.
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