Marta Lucía Ramírez ha renunciado dos veces a cargos públicos y sus salidas han estado en las primeras páginas de los periódicos. A esto se le suma que, durante las últimas dos décadas, ha dado tres saltos mortales de los que ha salido sin raspaduras.
Primer salto mortal. En 1990 ingresa a la política de la mano del liberalismo. Un tiempo después militó en las toldas conservadoras, luego se matriculó en el Partido de la U. Les hizo guiños en el 2009 a "los Verdes" cuando se conformó el equipo de los "Quíntuples". Hoy es conservadora y por ese partido busca la Presidencia. Sin embargo, un amigo cercano dice que para él, Marta siempre será liberal.
Segundo salto mortal. En la Presidencia de César Gaviria fue la directora del Incomex y viceministra de Comercio Exterior. En la de Andrés Pastrana fue ministra de Comercio Exterior. En la de Álvaro Uribe, ministra de Defensa. Esta seguidilla de jefes la cuestiona el mismo amigo, quien un día valientemente le preguntó: "¿Marta, explícame cómo una persona tan inteligente como tú puede trabajar con Gaviria, con Pastrana y con Uribe?". Ella sonrió.
Tercer salto mortal: aceptar ser ministra de despachos que, según los más avezados, no han sido su fuerte. Sabe de economía y es amiga de empresarios, pero no es experta en cifras. Tampoco domina los temas de seguridad y los militares la quieren tener siempre lejos.
"Marta Lucía en todos los trabajos que ha hecho ha dejado claro que es una buena ejecutiva, muy organizada y eficiente. Es inteligente y decente, pero se junta con personas equivocadas. A ella parece patrocinarla un banco: siempre está en el lugar equivocado", señala un economista de una universidad capitalina.
Recuerda que cuando fue ministra de Comercio, 1998-2002, el país estaba pasando por una profunda crisis, el comercio exterior estaba cerrado al país y la situación era compleja en los mercados internacionales; entonces lo que se podía hacer no era mucho.
"Cuando uno revisa las cifras de comercio exterior de la época, realmente no hay ningún desempeño importante que lo lleve a uno decir que durante ese tiempo se recuperaron las exportaciones, eso no pasó. Una cosa son los resultados que no fueron buenos, pero no porque fue mala ministra, sino porque la situación del país no era buena. Además, siempre ha tenido jefes muy malos que no la han dejado despegar", expresa el economista.
Sensibilidad social
Incansable. Intensa. Madrugadora. Maternal. Puntual, muy puntual. A veces histérica, a veces no tanto. El tiempo libre es para su hija María Alejandra y para Álvaro Rincón, su esposo. El almuerzo siempre será mejor si lo sirve su mamá, doña Alba.
La última vez que Natalia Morales, su jefe de prensa, la vio llorar, fue en Buenaventura, cuando comenzó a saludar a la gente y a medida que caminaba por los barrios del puerto se descomponía. Cuando se montó en el carro comenzó a llorar mucho, parecía una niña chiquita. "¡Qué impotencia ver esta realidad y no poderla cambiar…", comentó.
Las mujeres y los niños, dice Natalia, la obsesionan. Su calidad de vida, su educación y su salud son tareas que para Marta Lucía siempre estarán por hacer.
Y por su carácter firme, renunció dos veces. Lo hizo con todas las cámaras de los noticieros encendidas. La primera en 2002 cuando fue ministra de Defensa. Todos lo sabían: Marta Lucía aceptó ese cargo sin saber nada de guerra y por eso fue muy fácil ganarse el rechazo de las tropas. El cambio más complejo que hizo durante esos meses fue el proceso de centralización de las compras del Ejército.
El coronel (r) Luis Alberto Villamarín, quien en el 2002 era el comandante del batallón de Policía Militar de Cali, dice que Marta Lucía no tenía la menor idea de lo que era ser ministra de Defensa. "Ella tuvo muchos choques con los mandos porque llegó sin conocer el funcionamiento de las Fuerzas y buscó cambiar toda la parte administrativa a su manera. El asunto más grave es que no encabezó ninguna estrategia concreta para derrotar a las guerrillas".
Marta Lucía y su esposo opinan distinto. Ella asegura que diseñó, junto al expresidente Uribe y los comandantes, la política de seguridad democrática. Señala que creó los batallones de alta montaña y que creó "vive Colombia, viaja por ella". Álvaro dice que cuando fue ministra de Defensa "nos devolvió a Colombia", y agrega: "En un año y medio lograron devolverle las carreteras a Colombia. Ella sabe cómo se hace".
En agosto de 2009, en la plenaria del Senado, ante todo el país, anunció que dejaba su curul, obtenida con 68.000 votos, porque quería ser presidenta de Colombia. Desde ese año, Marta Lucía trabaja en ese objetivo. Su obsesión: convertirse en la primera mujer presidente de un país que, en sus palabras, le duele
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