Los he visto en las vitrinas y en las revistas, pero lo más emocionante es que los he descubierto en las calles, una y otra vez, cubriendo el cuello de jóvenes que reconocen en los fulares (del francés foulard , que traduce pañuelo o bufanda) un accesorio de hoy, que se adapta a su estilo.
Hace unos años fueron las palestinas que nos acompañaron con su blanco y negro y su colorido inusitado a cuadros, casi hasta el hastío. Hoy, los "trapos", como los llamo de forma genérica y cariñosa, llegaron para alegrar el ropero de hombres y mujeres.
Remplazan los sacos o chaquetas, para aquellos que quieren ir más livianos y funcionan como "collares" de tela, que nos llenan de color y volumen.
Otro punto a favor: son un código universal: donde los usemos nos veremos bien.
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