Hernando Andrade, a sus 56 años, ha sobrevivido a dos liquidaciones de la planta de cales donde ha trabajado casi toda su vida. Primero fue la liquidación de Colcarburos, que le dejó en el bolsillo 25,1 millones de acciones que fue vendiendo de a poco para poder pagar la universidad de cuatro de sus cinco hijos.
Al poco tiempo, la empresa sobreaguó y dio paso a Caldesa. Pero 10 años después, un día de octubre de 2011 volvió a ver apagar los gigantes hornos, detenerse los taladros en la mina y estacionar la maquinaria a la espera de un milagro.
Ese día sintió nostalgia y angustia. Más de 30 años y aún no cumplía con el sueño de tener casa propia, en cambio, las deudas lo abrumaban.
"Este pueblo (La Sierra, en Puerto Nare) se puso de luto. Éramos 120 trabajadores en la calle, sin un peso y no había quién nos pagara los salarios atrasados", recuerda Andrade.
Pero el milagro que esperaba llegó. En octubre pasado, tras encontrar nuevo dueño (Núcleo) a Caldesa la Superintendencia de Sociedades, lo volvieron a llamar, ya no para ser operador de maquinaria, como en Colcarburos, ni jefe de Mantenimiento, como en Caldesa, pero sí vigilante de la planta concesionada a Cales Fénix.
"Me ha ido muy bien con los nuevos jefes, en este puesto puedo estudiar, y otros compañeros que han vuelto a contratar (45) le están poniendo alma y corazón y vida a esta nueva etapa", concluye con entusiasmo Andrade, quien no quiere saber de otra liquidación en su vida.
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