Las figuras del pesebre, ubicado al frente del centro comercial Bwsiness Plaza, en la Avenida San Juan con El Ferrocarril, hicieron que Jonnatan Mazo no se sintiera tan solo gran parte de la mañana de ayer.
Por la celebración de sus vecinos de cuadra y, en general, de Envigado, donde vive, solo lo dejaron conciliar el sueño a las 2:00 de la mañana, pero dos horas después ya tenía que estar de pie para ir a coger trabajo.
Aunque su hora de entrada era a las 6:00 de la mañana tenía que salir con muy buena anticipación pues no era la primera vez que le tocaba madrugar a trabajar un primero de enero. Y, efectivamente, tuvo que esperar más de una hora el bus.
Cuando llegó a su lugar de trabajo, el centro comercial, donde es vigilante, se extrañó que ni siquiera estuvieran los habitantes de calle que permanentemente están en los bajos del puente que atraviesa a San Juan.
"Apenas a las 9:00 de la mañana se empezó a ver un poco de movimiento", cuenta Jonnatan, mientras vigila que los habitantes de calle, que a esa hora ya hacían su aparición, no se hicieran en la acera y le dejaran algún "regalito".
Y es que es sorprendente cómo una ciudad de por lo menos tres millones de habitantes queda casi paralizada por la celebración de la llegada de Año Nuevo, y que se percibe en su centro a donde acuden normalmente más de un millón de personas al día.
Sus calles, habitualmente atestadas de carros, aparecían totalmente vacías. De pronto, como un ave rara, cruzaba un auto o aparecían un peatón, que ni siquiera miraba el semáforo para cruzar las calles.
No obstante, en las aceras del centro de la ciudad parecían multiplicarse los habitantes de la calle, los mismos que en un día normal no parecen tantos, pues se mezclan con los visitantes o empleados de la zona.
Para consuelo de Jonnatan, hay otras personas, aunque no muchas, que también reciben el Año Nuevo trabajando y que también tuvieron la dificultad para transportarse.
En Calibío, José Octavio Calle, ya tenía la vía limpia de basuras y empezaba a barrer la de Tenerife.
Él es un escobita de Corpucon, una cooperativa que contrata con las Empresas Varias de Medellín este servicio. Aunque entraba a las 6:00 de la mañana madrugó para terminar más temprano, pero igual tuvo que bajar a pie desde Manrique parte alta para llegar a su lugar de trabajo, pues no había transporte.
"Lo único que he visto es borrachos y habitantes de calle. Es que hasta los carros son pocos, lo que hace que el trabajo rinda más y lo pueda hacer más tranquilo", expresa José.
Nada diferente es la situación en el otro costado del Centro. En el Parque del Periodista unas 15 personas rematando la rumba hacen que el sector no se vea tan solo.
Por la Playa un motociclista, al parecer, embriagado protagoniza una escena de celos. Hace parar otra moto en la que van un hombre y una mujer., se baja aceleradamente y deja caer la moto y airadamente le reclama a la mujer, mientras el otro hombre trata de calmarlo. No quisimos saber en que terminaba esa novela y proseguimos.
En la avenida Oriental sobre el separador de la Playa, Alberto Londoño apresuradamente pela y pica papayas, piñas y mangos para preparar el salpicón y poder atender a quienes a esa hora por el intenso sol y por la resaca del 31 buscan aliviar y refrescar su garganta.
Él está allí aprovechando que los de Espacio Público parece que los primeros de enero no trabajan, porque normalmente se ubica por los lados de Boston.
"Es un día bueno en ventas, aunque es muy duro pues a mí también me gustaría estar descansando", señala Alberto.
Mientras el Centro apenas empieza a medio despertarse en los barrios muchos ni se han acostado, pues la fiesta aún no termina y para otros como Jonnatan y José ni siquiera la hubo, pues la vida tiene que seguir y como dice Alberto "hay que trabajar".
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